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Por Roberto Jesus Quiñones, Cubanet.org, Septiembre 1, 2021

GUANTÁNAMO, Cuba. — Este 1ro de septiembre se cumplen 170 años de la ejecución del general Narciso López, un verdadero precursor y patriota de nuestras luchas por la independencia, pese a que algunos historiadores han querido manchar su nombre tildándolo de anexionista.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La corriente anexionista adquirió fuerza en Cuba durante la primera mitad del siglo XIX debido a las simpatías y admiración que despertaron entre las clases pudientes criollas los éxitos de la democracia y el progreso estadounidense. Su punto álgido estuvo situado alrededor de 1847 cuando se fundó el Club de La Habana, una especie de asociación secreta que se oponía a la metrópoli española y de la cual formaba parte Miguel Aldama, uno de los cubanos más ricos de entonces.

Sin embargo —señala Fernando Portuondo del Prado en su texto Historia de Cuba— el propósito de Narciso López “era constituir una república y dejar al pueblo la decisión ulterior de continuar gobernándose con absoluta independencia o solicitar la incorporación de Cuba a la federación norteamericana”. De esta afirmación hecha por estudioso tan prestigioso se colige que sería el pueblo cubano, una vez alcanzada la independencia, quien decidiría democráticamente su destino, lo que echa por tierra la malintencionada tesis de que el general español nacido en Venezuela iba a imponer la anexión.

Narciso López, adalid de la libertad cubana

Narciso López combatió en Venezuela a las fuerzas independentistas y cuando las tropas realistas fueron derrotadas se estableció en Cuba, donde se destacó por su donaire y divertimentos, según apunta el propio Portuondo del Prado.

Luego de una larga temporada en España, donde la guerra carlista le dio la oportunidad de mostrar su valía como militar y ascender a brigadier y mariscal de campo, regresó a Cuba en 1841 y fue designado gobernador de Trinidad y presidente de la Comisión Militar. Sin embargo, en 1843 fue separado de ese puesto por el capitán general O’ Donnell.

Desde ese año y hasta 1848 —cuando huyó de Cuba debido a su participación en la conspiración de Manicaragua, siendo condenado a muerte en ausencia— se dedicó a negocios particulares en Las Villas y Pinar del Río, regiones donde ejerció gran influencia política.

En el exilio estadounidense trabajó sin descanso con el escritor Cirilo Villaverde y otros patriotas para preparar una expedición militar con destino a Cuba.

Apoyado por ciudadanos estadounidenses, quienes le entregaron los recursos necesarios, logró armar tres expediciones en 1848, 1849 y 1850, respectivamente, aunque  las dos primeras fracasaron por la intervención del gobierno norteño.

Sin embargo la tercera, sí se llevó a cabo. Formada por 600 hombres, de los cuales solo cinco eran cubanos, Narciso López desembarcó en Cárdenas el 19 de mayo de 1850 y tomó la ciudad, donde izó por primera vez la bandera que luego sería adoptada como enseña nacional, un suceso de extraordinarias resonancias patrióticas, aunque el líder  del acontecimiento histórico tuvo que regresar casi de inmediato a Estados Unidos ante la imposibilidad de extender la lucha por otras regiones del país debido al poco apoyo recibido. No hay que olvidar que los acaudalados propietarios del occidente del país eran reacios a aprobar una contienda que podía arrasar con sus propiedades, un sentimiento todavía apreciable en 1868 e incluso después, cuando Martí organizó la Guerra Necesaria.

En 1851 Narciso López regresó a Cuba, esta vez a bordo del vapor Pampero y acompañado de 400 hombres, la mayoría extranjeros. Previamente, los conspiradores habaneros habían informado al patriota que las zonas de Vuelta Abajo y Trinidad estaban esperando su llegada para levantarse en armas contra España.

El 12 de agosto de 1851 desembarcó por un lugar conocido como Playitas de Toscano, al norte de la provincia de Pinar del Río, pero ya las autoridades españolas, dirigidas por el tenebroso gobernador Concha, estaban avisadas de su presencia.

Desde el lugar del desembarco se dirigió al poblado de Las Pozas, que tomó sin dificultades, pero horas después fue atacado por fuerzas españolas que lo superaban ampliamente. Aunque López logró rechazar el asedio y causarles bajas significativas, tuvo que replegarse hacia la cordillera de Guaniguanico.

La tupida vegetación, el terreno difícil donde abundaban las formaciones de “diente de perro” y los ríos y arroyos desbordados debido a las copiosas lluvias de aquellos días se convirtieron en difíciles obstáculos para los expedicionarios, lo que permitió a las fuerzas españolas su detención o paulatino exterminio en una persecución que ha sido calificada como una verdadera carnicería.

Traicionado por una persona que se ofreció para ocultarlo y tratar de sacarlo luego del país, Narciso López resultó finalmente capturado por los españoles . El 1ro de septiembre de 1851 fue ejecutado bajo el garrote vil en la explanada de La Punta, en La Habana.

En su afán por desacreditarlo, algunos historiadores, sin mostrar jamás una sola prueba contundente, lo han calificado como un anexionista, pegatina que subvierte los verdaderos valores de un hombre que fue otro de los adelantados en las lucha por nuestra independencia. Con tal afirmación desconocen que el general Narciso López no solo fue el primero en llevar como estandarte en una acción militar a nuestra enseña nacional, sino que también redactó en 1851, antes de comandar la última expedición que llevó a cabo, una Constitución que aseguraba la plena independencia para el país.

Pese a lo que afirman esos historiadores oficialistas, la verdad se abrirá paso y acabará imponiéndose, como ya lo ha expuesto también Herminio Portell Vila.

Algún día habrá para la vindicación total de Narciso López, como también para el reconocimiento del general de División José Ramón Leocadio Bonachea como el verdadero intransigente de la Guerra de los Diez Años.

A ambos —y a otros muchos— la patria les debe un monumento, más que de piedra, elaborado en la espiritualidad de los cubanos. Eso solo se logra con mayor objetividad en al análisis de las fuentes en la enseñanza de la historia y con una honestidad intelectual ajena a los ucases ideológicos.

Fuentes consultadas:

Historia de Cuba, Fernando Portuondo del Paso (Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1965).

Manual de Historia de Cuba, Ramiro Guerra (Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1980).

Diccionario Enciclopédico de Historia Militar de Cuba (Ediciones Verde Olivo, La Habana, 2004).

 

 

Narciso López, precursor de la gesta libertaria en Cuba