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Por Roberto Jesus Quiñones, Cubanet.org, Julio 17, 2021

GUANTÁNAMO, Cuba. — Este 16 de julio se cumplen 140 años del nacimiento del sabio cubano Fernando Ortiz de Garay, hombre de vastísimos conocimientos y un referente ineludible de nuestra historia cultural.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando se menciona la monumental obra de este humanista suele enfatizarse en sus estudios socioculturales sin justipreciar sus aportes a las ciencias jurídicas, donde resultó un precursor a nivel mundial en una disciplina como la dactiloscopia. En Cuba también lo fue con respecto al desarrollo de la Criminología.

En 1883 su madre lo llevó a Menorca (Islas Baleares), donde hizo sus estudios primarios y se graduó de bachiller en 1895. Ese año regresó a Cuba e inició sus estudios de Derecho en la Universidad de La Habana, los que continuó en Barcelona, donde se graduó en 1900.

En Madrid hizo estudios de Filosofía del Derecho Jurídico, Legislación Comparada, Historia de la Literatura Jurídica e Historia del Derecho Internacional y se graduó de Doctor en Derecho.

Hallándose en Madrid en 1901 recibió clases del profesor Manuel Sales y Ferré, un adelantado del pensamiento científico social hispano. Fue él quien lo alentó para que hiciera estudios sobre la ciencia penitenciaria en la cárcel de Alcalá de Henares. Desde ahí comenzó el vínculo del sabio cubano con la investigación en el campo de las ciencias jurídicas.

Esta temprana vinculación con esos estudios sociológicos lo acercó al conocimiento del positivismo, lo cual se constató al redactar su tesis jurídica, en la que se aprecia la influencia de la escuela positiva italiana.

Un giro de su vida proporcionó que se adentrara con más facilidad en el estudio del Derecho Penal y, específicamente, en la Criminología.

Ocurrió que una vez graduado regresó a Cuba en 1902 y su padre lo conminó a que buscara trabajo para mantenerse. Eran tiempos en que se necesitaba un apoyo para hallarlo y el joven Ortiz había permanecido mucho tiempo fuera de Cuba y no lo tenía. Luego de varios intentos pudo obtener un puesto de trabajo en la esfera consular. Gracias a eso viajó a Génova, donde conoció a Cesare Lombroso y a Enrico Ferri, pioneros en el estudio de la Criminología, de quienes fue discípulo, colega y amigo.

A partir de ese momento se vinculó al estudio de esa disciplina y del Derecho Penal positivista en un contexto donde la influencia de Lombroso y de su obra “Tratado antropológico del hombre delincuente” fue muy marcada.

Sin embargo la obra de esos renovadores de las ciencias sociales estuvo marcada por una enorme influencia de la biología. Fernando Ortiz se percató tempranamente de ello y comprendió que las causas sociales incidían mayoritariamente en esos fenómenos, una convicción que se aprecia desde sus primeras investigaciones.

En 1906 publicó Los negros brujos, su primer estudio de etnología criminal y libro señero en su quehacer intelectual.

En el prólogo al libro Órbita de Fernando Ortiz, el historiador Julio Le Riverend escribió que este “plantea la cuestión negra en términos científicos: no era justo limitarse a exponer lo que de cierto hubiera en las prácticas de brujería. Había que explicarlas social o históricamente; interpretarlas de modo que su consideración se saliese de los marcos ideológicos tradicionales”.

En 1908 Ortiz fue nombrado catedrático de la Universidad de La Habana donde ejerció regularmente en diversos momentos, aunque en 1917 renunció al ejercicio docente por haber sido electo como miembro de la Cámara de Representantes.

En 1913 publicó su obra La Identificación Dactiloscópica, siendo uno de los primeros investigadores a nivel mundial que sistematizó sus estudios en esa disciplina.

En 1916 publicó “Los negros esclavos”, considerada una obra demostrativa de su madurez científica y otro aporte a la criminología cubana. Sin embargo sus ocupaciones en la Cámara de Representantes no le permitían ocuparse plenamente de sus investigaciones.

Desde Italia su exprofesor Enrico Ferri le criticó haberse alejado de los estudios de Derecho Penal. Ante esa recriminación Ortiz le contestó que esa ciencia del delito no valía nada en un mundo en que los gobernantes y legisladores estaban constituidos por bandas de delincuentes que, a la sombra del poder, se permitían el inadmisible lujo de formular las leyes penales, según afirma Le Riverend en el prólogo citado.

A partir de esa desvinculación de la política Ortiz se adentraría en el estudio de nuestra cultura nacional, escribiendo obras monumentales como Contrapunteo cubano del tabaco y del azúcar, exhaustivo análisis del monocultivo.

Fue un ardiente defensor de la democracia liberal y del pueblo cubano. En su obra La Crisis Política Cubana. Sus causas y sus remedios, escribió: “Y es la juventud, nuestra más firme fe… La salvación de un pueblo no puede deberse fundamentalmente más que a su propio esfuerzo”.

Y en otro momento de su vida dijo estas palabras que hoy cobran extraordinaria actualidad: “No hay que engañarse cubanos. Va llegando la hora en que ya no se puede callar ni por indiferentes, ni por corteses, ni por cobardes, ni por hipócritas, porque en ello nos va la vida, no siempre sigamos dormidos en la mentira. Pese a todos los convencionalismos, el pueblo cubano está en lucha contra los tiranos totalitarios, en defensa de su propia democracia y por su propia libertad”.

Falleció en La Habana el 10 de abril de 1869, día en que se conmemoraba un aniversario más de la proclamación de la Constitución de Guáimaro, la primera republicana.

Don Fernando Ortiz: pensar Cuba desde la cultura