Por RAUL RIVERO, España


Madrid -- En esta España que ante los contratiempos dice todavía ''más se perdió en Cuba'', acabo de volver al pasado de Cuba. Me llevó en ese viaje Andy García con el poder evocador del cine, con una historia familiar desgarradora y una música de coro griego que apuntaló cada episodio para que la emoción no abandonara ni un instante los recuerdos.

Vi esta semana La ciudad perdida. La vi sin moverme de la butaca porque, desde que

empezó, yo entré en la pantalla, en los escenarios queridos y cercanos de La Habana que el gran actor y director cubano reconstruye con vocación de poeta y precisión de arquitecto sobre un guión de Guillermo Cabrera Infante, el hombre que salvó esa ciudad y la reinventó con un material que no cree en el tiempo: la palabra.Nadie debe creer tampoco en mi imparcialidad, ni en la de ningún cubano que hable de la película porque nos implica a todos y nos have perder distancia, imparcialidad y razón. Nos pone frente a un época que cambió la historia de la nación porque después que se anunciaron todas las esperanzas de libertad, la hundió en la pobreza y la mediocridad y lanzó a la cárcel a miles de personas y al Exilio a casi un 20 por ciento de la población.

No se pueden volver a vivir --revivir-- esos momentos si no es con un especial registro de pasiones, entre otras cosas, porque ahora, en pleno siglo XXI, sabemos todo lo que iba a pasar, lo que ha pasado, a partir del momento en que coinciden en el mapa de la isla una dictadura que se acaba y otra que empieza.

Puedo decir que, en el plano personal, me queda objetividad para decir que me parece auténtica la atmósfera, creíble y habanero el entorno urbano que facilitó Santo Domingo, de primera línea la fotografía, la dirección artística, el vestuario y la actuación de Andy García.

Para Inés Sastre tengo un párrafo aparte porque no la vi a ella en el complejo personaje que le dieron. Vi en todas sus escenas a una muchacha cubana, atrapada entre la confusión y la muerte, como le pasó en la vida real a una generación de muchachas que son por estos días señoras que miran las fotos empañadas de cómo eran ellas cuando fueron como es Inés Sastre en la película.

Andy García, el músico, tiene otro sitio estelar en la película. Su sensibilidad, su inteligencia al seleccionar las canciones y los personajes y su maestría en la mezcla de sonidos donde es importante la voz de Bola de Nieve, Benny Moré y Rolando Laserie, el llanto de un niño y el estruendo de las ametralladoras.

Por estos días el filme invade los cines de la península. Yo he recomendado a mis amigos españoles no ver La ciudad perdida en compañía de cubanos adultos porque a mí esa experiencia me llevó al recuerdo de una expresión devastadora que era común en ciertos sectores de la población criolla en los años 50: ``¡Qué buena estaba la película, cómo lloré!''

Andy García y su amigo Guillermo Cabrera Infante han resucitado una ciudad y un tiempo y ahí nos han puesto a vivir a todos otra vez. Esa estadía a mí me hizo reflexionar acerca de la imposibilidad de rediseñar el tiempo que ya hemos vivido. Es verdad que no se puede cambiar el pasado, pero se puede preparar el porvenir.



 

 

 

 

 

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CRONICA DE DOMINGO
Viaje al pasado y rescate de La Habana