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Por René Gómez Manzano, Septiembre 1, 2021

LA HABANA, Cuba. — Los recientes Juegos Olímpicos de Tokio 2020 alcanzaron un triunfo inesperado. A pesar de la presencia de la pandemia y de hasta una amenaza de tifón, los japoneses demostraron ser capaces de sortear todas las dificultades y conducir ese complejo encuentro deportivo a su exitosa culminación. Y en tan gran medida, que uno no puede evitar preguntarse si, para empezar, había alguna verdadera necesidad de posponerlo hasta el presente año.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como resulta habitual, a ese choque cimero han sucedido los Juegos Paralímpicos. Como sugiere su denominación, este otro evento está reservado para las personas aquejadas por alguna minusvalía. Se trata de aquellos desdichados que no podemos denominar “minusválidos” si deseamos atenernos a las reglas de la “corrección política”. La forma adecuada de referirnos a ellos es únicamente empleando la frase “personas con discapacidad”.

Algún cínico podrá pensar quizás que, al celebrar estos juegos poco después de concluida la cita cuatrienal del deporte mundial, se está dando la razón a quienes plantean que la historia se repite, primero como drama y después como comedia. Debemos rechazar con decisión los enfoques de ese tipo; aunque los aquejados de una minusvalía —como es lógico— no pueden alcanzar resultados deportivos análogos a los de quienes no tienen esa desgracia, el admirable ejemplo de tenacidad que dan al sobreponerse a su infortunio constituye un acicate para todos.

Al momento de redactar estas líneas, la delegación de la Gran Antilla exhibía dos medallas de oro, una de plata y otra de bronce. Las dos preseas áureas correspondieron a Robiel Yankiel Sol Cervantes, en el salto de longitud T46, y la multimedallista olímpica Omara Durand en los 400 metros T12.

La miseria económica en la que, “gracias al socialismo”, ha caído Cuba, desaconseja que recursos escasísimos como los empleados para enviar a los deportistas del paralimpismo a la capital nipona, sean destinados a una actividad que no arrojará ganancias propagandísticas, que son las únicas que interesan al régimen de La Habana.

En vista de los resultados obtenidos en Tokio, los agitadores castristas no pueden alardear de resonantes victorias; tampoco pueden presentarlas como supuestas demostraciones de las grandes bondades del sistema antinatural que implantaron y han mantenido a sangre y fuego en la Isla durante la friolera de seis decenios.

El régimen siempre presenta como realidades supuestos logros económicos que sólo existen en los cerebros enfermos de los burócratas que atiborran de falsedades a sus superiores y subordinados, y en los titulares mentirosos de la prensa castrista.

En resumidas cuentas, es lo mismo que pasó con la “Zafra de los Diez Millones”, un espasmo carente de sentido que hipotecó al país entero durante más de un año y que se saldó con una consigna falsa, facilona y manipuladora: “Convertir el revés en victoria”.

También ahora se intenta suplir la ausencia de resultados deportivos palpables con la insulsa palabrería carente de un contenido real. Es lo que hizo el periodiquito Granma el pasado sábado. Aparece allí un trabajo del escribidor castrista Oscar Sánchez Serra de título truculento, si los hay: Yunier Fernández no venció, pero ganó la medalla de oro del honor.

No obstante, en la competencia entre la cursilería y la ridiculez, las palmas corresponden —creo— a Alfonso Nacianceno en el Granma del viernes, con un titular que reza: “Músculos que arropan la voluntad y la vergüenza”. O quizás a Juan Carlos Teuma, quien, refiriéndose a una tiradora y repitiendo en parte al anterior, escribe en el Tribuna de La Habana de este domingo: “Cada diana que logre allí (…) será una lección de vergüenza, sacrificio y éxito”.

Veremos si, en los días de competencia que faltan, los atletas paralímpicos cubanos logran cosechar más triunfos en Tokyo. Y no por sus jefes, que manipularán de cualquier modo todo logro que tengan. Sino por ellos mismos, para que vean recompensados los enormes esfuerzos y sacrificios personales que han hecho.

Y espero que los que triunfen se libren de ser objeto del ridículo, como sucedió con sus homólogos de los Juegos Olímpicos. Eso de recibir a un atleta de excelencia con un poco de viandas, pomos de refresco o un pescado, es algo que sólo se le ocurre a un comunista. Y conste que no lo digo por la pobreza del regalo, pues bien dice el refrán que cada uno puede dar lo que tiene. Y en medio de la miseria entronizada en Cuba por el castrismo, la única opción que queda a los mayimbes es hacer obsequios miserables.

De lo que se han burlado muchos en las redes sociales, lo que irrita, no es tanto la pobreza del regalo, sino el hecho de tomar fotos y publicarlas como si se tratara de algo loable. “Ahora se burlan de la sencillez con que reciben a algunos atletas en sus localidades”, se quejó en el Granma del pasado 23 de agosto Ventura de Jesús.

Esperemos que, con los paralímpicos, los castristas muestren un poco de vergüenza y no repitan esos actos bochornosos. Si así llegara a suceder, bien pueden darles las gracias a los periodistas independientes y los usuarios de las redes, que ahora quieren acallar con el condenable Decreto Ley 35.


El castrismo “toma” los Juegos Paralímpicos