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Por Miriam Leiva, Cubanet.org, Enero 10, 2021

MIAMI, Estados Unidos.- Para los cubanos enero será el mes del shock, el estira y encoge del dinero, los precios estatales por las nubes, el continuado desasosiego por las colas, el COVID-19, las vicisitudes de las empresas, la agricultura, el cuentapropismo y las Mesas Redondas in crescendo. En febrero la realidad estará más clara: la constricción tendrá duración imprevisible.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La única certeza para la mayoría de los cubanos es que con el salario y las pensiones reformadas no alcanzará para cubrir el alza de los precios establecidos por el gobierno, cuyo consejo es llevar sus gastos al mínimo, ahorrar, mientras las autoridades solo culpan de los elevados precios a los campesinos, cuentapropistas y revendedores, incluso antes de comenzar la “Tarea Ordenamiento”.

Sin embargo, Miguel Díaz-Canel expresó que el mayor reto es la inflación, y que el gobierno carece de mercancías para ofertar. Eso implica que la escasez mantendrá la demanda en la economía informal y los precios a su voluntad. Mientras tanto, solo las tiendas de venta en Moneda Libremente Convertible (dólares) están surtidas, aunque las colas demoran varios días, según la atracción del producto, como las cervezas para fin de año.

Al llegar el Día 0 de la unificación monetaria y cambiaria, y las medidas acompañantes, el 1 de enero de 2021, miles de cubanos desconocían la cuantía de sus nuevos salarios, a pesar de que la medida fue anunciada el 9 de diciembre por Díaz-Canel. Pero sí sabían que las tarifas de electricidad y el precio del baloncito de gas reducirán la utilización de los aparatos de la Revolución Energética impuestos por Fidel Castro, o los equipos electrodomésticos adquiridos en las tiendas de venta en moneda libremente convertible (dólares), sin que existan otras fuentes de cocción.

Las autoridades mutaron las prácticas de 62 años, que sin prisa se tomaron 10 años para refrendar mediante decretos, reglamentos y disposiciones publicados durante diciembre en el deficiente sitio web de la Gaceta Oficial, que no se imprime ni se vende ampliamente. Para procurar neutralizar las opiniones de la población, a la Mesa Redonda de la televisión asisten Marino Murillo, jefe de la Comisión de Implementación, el vicepresidente Alejandro Gil y los ministros, quienes estimulan el envío de criterios a los sitios web de su competencia y los medios oficiales. Además, establecieron una comisión para recolectar las quejas y los comentarios callejeros.

En los últimos 30 años, los cubanos han padecido la caída del poder adquisitivo de los salarios y pensiones, incluidas las personas que en esos años hicieron trabajos voluntarios, pelearon allende los mares y corearon en las manifestaciones y mítines de repudio. Se ha visto un incremento de la escasez de productos de primera necesidad y de las diferencias sociales. La válvula de escape hacia Estados Unidos se cerró y la pandemia no estimula las salidas ni las inciertas calamidades en otros países.

Por su parte, el gobierno demoró el Ordenamiento a su conveniencia, y lo impuso cuando existen las peores circunstancias internas y externas.

La población se queja como nunca antes, y el gobierno busca acallarla antes de la transición de Raúl Castro y la generación histórica durante el VIII Congreso del Partido Comunista —llamado de “continuidad para la actualización de la estrategia de resistencia y desarrollo” — en abril del presente año. De ahí, la disminución de los altos incrementos de precios de la electricidad y el gas, los parques de diversiones infantiles y las bolas de los helados en Coppelia.

Inéditos fueron los rechazos a adquirir el pan del racionamiento que pasó del ridículo precio de 5 centavos a un peso, igual que el pan “por la libre”, a lo que la ministra de Comercio Interior atribuyó la mala calidad, lo cual ha sido notorio durante decenios. Eso ocurrió en casi todo el país, y ascendió al 75% de los consumidores en Isla de la Juventud. El ministro del Transporte habló del reajuste de precios centralizados en el sector, que se incrementaron hasta 5 veces, y de la responsabilidad de los gobiernos provinciales, municipales y locales en fijar precios adecuados. En La Habana el pasaje en guaguas pasó de 40 centavos a 2 pesos. Los periódicos han tenido un incremento de precio notable, por lo que posiblemente desciendan los abonados y las personas que hacen cola para adquirir la reducida tirada, usualmente personas de la tercera edad, sin conexión a Internet, o con necesidad de papel para diversos usos en el hogar.

El gobierno ha enarbolado que ahora todos tendrán que trabajar para ganarse la vida. Lamentablemente, ha existido una significativa cantidad de personas, muchos jóvenes, ofertando productos de dudosa procedencia por las calles, bebiendo y jugando dominó en las esquinas, males sociales del Hombre Nuevo criado en la Revolución.

Difícilmente existan plazas para quienes procuren trabajo, porque habrá empresas que quiebren y solo las de productos priorizados se continuarán subvencionando por el presupuesto del Estado, de manera que declararán muchos “interruptos”, eufemismo socialista de desempleado.

La liberación del trabajo por cuenta propia y la legalización de las MIPYMES: mini, pequeñas y medianas empresas privadas, resultará indispensable para que esas personas procuren el sustento, y todos complementen la macroeconomía, como sucede en la mayoría de los países, particularmente los más pobres. Pero eso continúa pospuesto.

Pueden esperarse aún otros reajustes en la Tarea Ordenamiento, según el pulso del descontento y las crisis de pánico del pueblo.

¿Sin terapia de choque?