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¡ZAPATERO Y LA POESIA!

Por Manuel García-Rey (*), Europa

En uno de sus recientes discursos, con motivo de la entrega de un reconocimiento público a un poeta de León (España), su ciudad natal, Rodríguez Zapatero, más conocido por Zapatero, acaba de sumergirse en el imaginario lírico de su ciudad para hablarnos de “la artificialidad de las fronteras”.

La ocasión se prestaba para ello, entre otras razones porque al hablar de la meliflua poesía de su paisano, cualquier cosa que dijera siempre podía ser atribuida al universo de las metáforas ininteligibles, algo onírico, más allá de la realidad, algo virtual, es decir, una especie de ente a media evolución, digamos, entre el hombre y el mono, tal como les gusta ser reconocidos a estos homunculus de políticos que nos ha tocado sufrir en los primeros años del siglo XXI. ¡No nos queda nada!

Es doloroso, para cualquier ciudadano normal de esta época aciaga de la historia de España, observar cómo el presidente que más ha demolido la unidad y la estabilidad política del país, el presidente que más se ha plegado a las infames presiones de los

nacionalistas –- los inventores de todas las fronteras imaginables --, uno de los presidentes con menos coraje y más sinsentido de la historia de este maltrecho país, se permite el lujo de cuestionar las fronteras, como dando razón, una vez más, a aquellos que podrían reclamar, por ejemplo, la anexión de Navarra al País Vasco, no sabemos bien por qué razones, pero que, ahora mismo, se sienten más fuertes que nunca en esta tierra dejada de la mano de Dios.

No es que esté loco, es que este hombre no da para más.

Me parece que se está empezando a creer que se puede ser un intelectual desde la más absoluta ignorancia, que sus ideas sobre el futuro de la Humanidad tienen algo de la coherencia de la que él y los suyos carecen, que su bárbara intuición no le va a fallar y que, en definitiva, está en el camino de la razón, cuando, realmente, sus ideas pecan de una falta de solidez y de un vacío ontológico difícilmente admisible en un ser racional (incluso para filósofos como el sensual Savater, profeta del relativismo moral y cultural).

Este hombre (Zapatero) sigue viviendo entre las dos Españas de 1936. Traumatizado por el fusilamiento de su abuelo paterno el mismo año del alzamiento y del inicio de la guerra civil --cuya oscura participación en la represión de Asturias, así como el cobarde abandono de los compañeros que le invitaron a sumarse a la insurrección contra el bienio negro republicano, no ha sido suficientemente esclarecida--, le pasa, como decía hace poco una conocida política de la oposición, que necesita tratamiento psicológico y que, por desgracia, todo el país está pagando sus traumas y sus locuras.

Me cuentan con dolor mis amigos españoles, personas de todas las ideologías, que están siendo gobernados por unos cuantos dementes seguidos por una masa de desgraciados y oportunistas. Esta es la historia cardinal del PSOE. Han conseguido convencer a una parte del país a base de descerebrar a la juventud y, ahora, están pagando las consecuencias.

¿Qué se puede esperar de unos jóvenes obsesionados con el botellón, las juergas nocturnas y la intrascendencia vital? Nada. Cuando llegue el cambio generacional, que llegará, por fortuna, como todo en la vida, mirarán hacia su pasado vacío de trascendencia con la mirada perdida de los que no han vivido realmente, con los ojos de los que no saben apreciar los verdaderos logros de la sociedad porque todo les ha sido regalado. Serán unos auténticos fracasados.

Una era de zapateritos, bobalicones e ignorantes, hará que España pierda, cuando menos, cincuenta años de progreso y de bienestar, de logros materiales y espirituales para el conjunto de sus ciudadanos.

Esta moda tan dulzona y blanda, tan gallina, cambiará, decíamos, más temprano que tarde. Espero, sinceramente, que sea con los cadáveres de estos cobardes pisoteados por los cascos de los caballos de la historia, de los caballos del honor, la dignidad y la libertad que hoy, tan miserablemente, pisotea la piara de Zapatero, una repugnante piara trisexual cuya preocupación máxima es la falsa imagen progresista y, por supuesto, el platisma. ¡Oh el platisma!, señora vice. Eso sí que no tiene solución. No hay nada que pueda disfrazarlo.

Este hombre (Zapatero) carece de formación intelectual, lee lo que le ponen delante, sin pararse a pensar lo que, realmente, está diciendo; funge de intelectual cuando demuestra, continuamente, una ignorancia supina de la historia de España y de su propia comunidad autónoma; le da igual todo con tal de mantenerse en el poder y, desde luego, si es maestro en algo es en el ejercicio de la mentira y de un cinismo que tiene poco de maquiavélico. Miente más cuando calla que cuando habla, ¡que ya es mentir!.

Las viejas reglas monacales no escritas hablaban de que, en todos los casos, era preferible una abadesa perversa a una monja tonta de capirote, como es el caso. La monja malvada, cuando menos, salvaba su monasterio de las llamas, aunque en sus objetivos vitales estuviese la destrucción de la competencia, pero la tonta no, la boba era capaz de quemar su propio convento con tal de que ardiera también el de la congregación vecina.

El caso de Zapatero es todavía peor. Hace arder a España, cuestiona las fronteras y arremete contra la subsistencia de su “convento” para que unos cuantos desalmados y asesinos puedan engrandecer y consolidar el que dicen que es el suyo (es decir, los catalanes y los vascos); critica las fronteras pero, al mismo tiempo, está dispuesto a desmantelar el país en beneficio de unos pocos, por cierto, los más privilegiados de toda España (esos mismos catalanes y vascos que acabo de mencionar); dice, sin tener ni idea de economía, que es bueno que existan grupos energéticos nacionales, cuando lo que realmente quiere es regalar la gran empresa de producción eléctrica de España a la banca catalana, contra la voluntad independiente de la propia empresa, etc., etc.

Mientras tanto, el superbobísimo alopécico que está al frente del Ministerio del Interior, no para de entonar aleluyas a lo bien que lo están haciendo y a lo cercana que está la paz con los terroristas. Si este aprendiz de caperucita roja ha pensado alguna vez que la banda armada va a entregar las armas y a declarar la paz perpetua simplemente por la cara, sin compensaciones de ninguna clase, entonces los españoles están al borde de una nueva guerra civil. La cosa es fácil: los vascos independentistas no van a ceder –> estos gallinas les van a dar todo lo que pidan –> los militares se sublevarán (finalmente).

¡Pero hombre! ¡Qué mérito tiene cargarse un país entero para “complacer” a dos regiones! ¿Es que nos hemos vuelto todos tontos?

Como decía el poeta hispanorromano Marco Valerio Marcial: fulano tenía una finca grande, la vendió y compró dos esclavos, ahora les da por el… (palabra irreproducible muy del gusto de Zapatero y sus amigos), a dos finquitas.

Ninguna abadesa tonta lo hubiese podido hacer peor.

(*) Observador internacional residente en Europa.