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Por GLORIA LEAL, Subdirectora El Nuevo Herald, noviembre 18

Mientras en Venezuela el pueblo se tira a la calle a reclamar un estado de derecho con seguridad ciudadana y protección de las leyes, en Miami los cubanos celebramos una medalla presidencial a un valiente preso político que se pudre en una cárcel cubana. ¡Qué vergüenza y qué tristeza que nos conformemos con tan poco! ¡Qué enfermos de apatía y de vanidad estamos los cubanos!

¡Qué lección tan enorme de integridad, patriotismo, coraje y dignidad está dando el pueblo venezolano! Sus jóvenes, sus estudiantes agrupados y unidos provenientes de todas las universidades, públicas y privadas, ricos y pobres; sus amas de casa, sus periodistas, el pueblo creyente en la democracia, abogados y economistas,

intelectuales y políticos que no se han dejado comprar ni intimidar se unen para gritar lo mismo, para clamar por el respeto al estado de derecho y a una constitución justa y limpia que quieren profanar, allanar, masacrar para convertirla en un estado socialista y totalitario.

¡Qué desgracia que en los últimos 50 años no haya nacido en Cuba un estudiante símbolo que arrastre a la calle a los universitarios de todo el país a reclamar sus derechos, a protestar por las injusticias, por la falta de trabajo, por la ausencia de oportunidades para desarrollarse como seres humanos, a gritar por leyes justas y libres!

¡Qué pena y qué vergüenza que los cubanos no tengamos un general Baduel, formado en las mismas filas que Chávez, que reconozca su propio error de haberlo apoyado y denuncie en su cara sus desmanes y falta de racionalidad al querer imponer una constitución que viola el mismo estado de derecho para el que fue elegido por el pueblo para que presidiera!

En 50 años Cuba no ha producido un general ni un comandante que se atreva a desafiar al jefe de estado, frente a frente, y a encabezar una rebelión en contra de la impunidad.

Antes del 1959 Cuba produjo hombres de la valentía y la entereza de un Vázquez Portal, de la integridad de un Bofill, de la determinación de un Oswaldo Payá, del extraordinario carácter de Mario Chanes de Armas, de la verticalidad de un Dr. Oscar Elías Biscet.

Antes del 59 sí nacieron estudiantes de la talla ejemplar de José Antonio Echevarría, de la fortaleza espiritual de Virgilio Campanería, del coraje prematuro de un Tommy Travieso.

Cabe preguntar por qué un país que fue capaz de producir valientes soldados que lucharon con machetes y a caballo contra un ejército extranjero para lograr su independencia, estudiantes que entregaron sus vidas por defender su libertad bajo déspotas dictadores de otras décadas, que ofrendaron su juventud gritando ''Viva Cristo Rey'' frente a un pelotón de fusilamiento, hoy en día no sea capaz de levantarse en masa a gritar en la calle ¡BASTA YA!

Lo que es más desconcertante es que sí arriesguen el pellejo y el de su familia, incluyendo ancianos y niños, tirándose al mar, al inmenso océano oscuro, infestado de tiburones, a un medio tan hostil y aterrador como puede ser alta mar con tormenta en un frágil botecito de cuatro llantas, y no sean capaces de salir en multitud a exigir un CAMBIO total de estructura y de metas.

El mayor daño que ha hecho la insigne revolución cubana es destruir el espíritu de lucha y de rebeldía que siempre caracterizó al pueblo cubano. El ''aberrante monstruo del mal'' consiguió aniquilar la idiosincracia del cubano y crear un hombre nuevo carente de herramientas, de metas y de esperanza. Cuando se mata el espíritu de un pueblo, lo único que queda es la inercia.

 

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VENEZUELA Y CUBA: UNA COMPARACION