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Por Jorge Ángel Pérez, Septiembre 16, 2021

LA HABANA, Cuba.- Sólo Dios sabe cuánto me habría gustado ser el autor de esa frase que da título a este texto, esa línea brevísima que habla del suicidio, de sus causas, de una de las enfermedades que podría provocarla. La “Castroenteritis” vista como causa y el suicidio como efecto; desgraciadamente no fue mía esa certeza, aunque ahora mismo me la apropie, aunque sólo sea por un rato. Resulta que esa ingeniosidad, esa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

perspicacia, esa finura, salió de la cabeza del gibareño Guillermo Cabrera Infante.

Cabrera Infante miraba al Castrismo y a la “Castroenteritis” que ese provocaba, como un padecimiento fatal, un padecimiento que podría llevar, creo yo, al suicidio. Cabrera Infante, siempre sagaz, convirtió a esa inflamación del estómago y los intestinos, a esa gastroenteritis, en “castroenteritis”; enfermedad que fue conocida, y descrita por primera vez, cuando el señor de Birán se hiciera dueño del poder, sin que hasta hoy se consiguiera un tratamiento definitivo para su cura, aunque algo se intentara.

Y tenía razón el gibareño que decidiera la sagaz unión de esos dos constituyentes: Castro y enteritis. Cabrera Infante va de la inflamación del aparato gastrointestinal, de la “gastroenteritis” a la “castroenteritis”. Cabrera Infante solo cambia una consonante, una c por una g, para nombrar esa cosa que es la inflamación, patológica claro, que provoca el castrismo en la mucosa de los intestinos de Cuba y de los cubanos. Sin dudas resulta ingeniosa la unión de esos dos “constituyentes”: intestinos y castrismo, para hacer notar los mondongos enfermos del castrismo, y lo esencial que resultaban los suicidios en esa enfermedad comunista. El suicidio como medio de salvación de uno de los peores males de la era moderna.

Y ahora las redes nos hacen notar un caso extremo de “Castroenteritis” que se ha hecho visible en La Florida y en la persona de Edmundo García, quien es más conocido en esta isla como Inmundo García. Resulta que Inmundo ha estado usando las redes sociales para hacer reclamos al gobierno de la isla, su aliado desde hace mucho, desde aquellos años en los que se dedicaba al tráfico de obras de arte, esos desempeños que lo hicieron llegar a los tribunales, y que solo fue salvado, así se dijo entonces, por las relaciones de su madre, quien trabajaba en el Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

Inmundo muestra ahora toda su inmundicia, reclama la atención del gobierno comunista cubano; Inmundo amenaza con pegarse un tiro en la sien. Edmundo reclama a Díaz-Canel y al resto del gobierno, probando sus cabildeos con el poder cubano. El delincuente cubano, ahora “mayamero”, está en crisis. El show es un primor, y no pudo llegar en mejor momento.

Inmundo frunce el ceño, lo agobia la luz, incluso la breve luz. Al parecer Edmundo pretende entrar en la lista de suicidas famosos de la mal llamada “revolución”. Edmundo escoge un momento de crisis. Las crisis siempre aportan un sinnúmero de suicidas. Recordemos aquellos días de la embajada del Perú. Recordemos el pistoletazo de Haydée Santamaría, el de Osvaldo Dorticós, recordemos el suicidio de Fidel Castro Díaz-Balart, y si vamos un poquito más atrás, recordaremos a Eduardo Chivás.

Inmundo apunta, temblequeando, a su sien y amenaza, grita, pero no aprieta el gatillo. Edmundo anuncia el suicidio pero no lo cumple. Edmundo es un “comediante”, un mal comediante que amenaza, pero no dispara. Él quiere drama, quiere show, pero no persistirá, como sí hiciera Gerald de Nerval, como tantos suicidas que en el mundo han sido. Lo de Inmundo es teatro, “puro teatro, soledad bien ensayada, estudiado simulacro”.

Para suicidarse hay que ser muy, pero muy valiente. Para entrar voluntariamente a la muerte hay que tener el temple de Virginia Woolf, y Edmundo el payasito no tiene coj… para llenarse los bolsillos de piedras y lanzarse luego al río Ouse. Él, aunque quizá le gustaría, no es Alfonsina Storni, él no escribió poemas como Alfonsina y no va a lanzarse desde un acantilado. Inmundo morirá en la inmundicia que él mismo se estuvo propiciando. Inmundo no tiene los coj… de Yukio Mishima para hacerse el Harakiri.

Inmundo García es una de esas cosas que trabajan para el gobierno cubano, uno de esos tarecos en los que se apoyan los comunistas cubanos en el poder para defenderse en otras geografías, para hacer creer que hay discursos a su favor en Miami, en cualquier sitio. Inmundo es inmundicia y es, sencillamente, Edmundo, que con el tiempo será un término más deplorable que Inmundo, que inmundicia, que repugnante, mugriento y nauseabundo. Cabrera Infante nada supo de Edmundo García, pero creo que si se hubiera cruzado con él alguna vez habría repetido eso de que “el suicidio es un elemento casi esencial de la Castroenteritis”, y hasta le hubiera reclamado que apretara el gatillo. Edmundo es uno de los mejores signos, o síntomas, de la “Castroenteritis”.

El suicidio es un elemento casi esencial de la Castroenteritis