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Por Javier Prada, Septiembre 1, 2021

LA HABANA, Cuba.- El tema “De Cuba soy”, del reguetonero Yomil Hidalgo, ha enfurecido de nuevo a los censores, convalecientes aún del impacto que tuvo “Patria y Vida”, convertido en el himno por la libertad de Cuba en el siglo XXI. Además de las habituales acusaciones y amenazas de procesar al artista urbano por “profanar” las figuras de los mártires de la patria, esta vez han rebasado los límites de la sensatez y lo han retado a un debatecontinuidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

previsto para el próximo 2 de septiembre, en un canal de Telegram. El o los retadores se ocultan tras el nombre de “La Manigua de Cuba”, y a diferencia del reguetonero se niegan a dar la cara para que todos sepamos quiénes son los orgullosos revolucionarios que han de garantizar la continuidad.

A raíz del video que tanto ha incomodado al oficialismo, ha surgido un debate sobre si Yomil sabe o no quién fue realmente Julio Antonio Mella, cuáles eran sus filiaciones políticas y lo que significó para la juventud cubana de su época. A casi un siglo de la muerte de Mella, los “ilustrados” universitarios de nuestros días consideran una poderosa arma el hecho de que fuera comunista y hubiera fundado la Liga Antiimperialista de las Américas. O sea, al Yomil incluir en su video “contrarrevolucionario” a un revolucionario radical, el tiro le ha salido por la culata.

Esa es la lógica de una juventud adoctrinada que no tiene claro quiénes fueron Mella, Rubén Martínez Villena, José Antonio Echeverría y otros jóvenes de altos estudios que asumieron un verdadero liderazgo contra tiranos casi tan peligrosos como Fidel Castro. La Federación Estudiantil Universitaria (FEU) creada por Mella en 1922 apenas guarda relación con la secta corrupta y cobarde que ha dado la espalda a sus preceptos fundamentales.

Dentro de la fauna castrista pocas figuras resultan tan repelentes como el líder de una organización que fue decisiva para derrocar a Gerardo Machado y Fulgencio Batista, pero hoy calla o aplaude ante las expulsiones de estudiantes y profesores universitarios que han manifestado su firme desacuerdo con el rumbo político de la nación. La Federación que en la etapa republicana contribuyó a generar profunda conciencia patriótica y libertad de pensamiento en el estudiantado, al punto de que la lucha en la Sierra Maestra jamás habría dado frutos sin la alianza entre el Movimiento 26 de julio y el Directorio Revolucionario fundado por José Antonio Echeverría, parece una invención cuando se la compara con la “vanguardia” panfletera que repite ese mantra absurdo de que a Cuba hay que ponerle corazón, mientras ve a Cuba morir sin medicinas, alimentos, libertad ni socorro.

La FEU es hoy una caricatura lastimera, abanderada de la mentira y la histeria, con líderes tan faltos de carácter que condenan a su propia generación, incapaces de ponerse a la altura de estos tiempos para enfrentar a un poder desquiciado y cruel. La FEU castrista no vela por los derechos de los estudiantes, no emplaza al poder político, no protege el legado por el que murieron jóvenes virtuosos, jóvenes martianos que no dudaron en tomar las calles y luego las armas para restaurar la democracia.

Los “gallos de pelea” de Díaz-Canel tienen el calibre de una Tángana en el parque Trillo, de una caravana forzada a reafirmar lo que ya no existe, aún en medio de una emergencia sanitaria sin precedentes. Vergüenza sentirían Mella y José Antonio de ver a los nuevos dirigentes y ejecutivos de la FEU medrar a la sombra de una dictadura a cambio de una rápida escalada hacia los órganos de la administración central del Partido, y de ahí a algún puesto diplomático que les permita luchar contra el imperio desde el capitalismo, contando además las bondades de un sistema parasitario y represivo.

Pésimos estudiantes, chivatos, pillos, tracatanes; no se necesitan otras cualidades para llegar a la presidencia de la FEU en cualquiera de las facultades de la educación superior cubana. Tienen permiso oficial para dejar el cerebro en casa. Lo que importa es que se mantengan vigilantes para asegurar el dominio del régimen sobre una fuerza motriz decisiva en la causa por la libertad; y que presenten batalla en el ciberesperacio, donde el castrismo se niega a aceptar su evidente derrota.

Por eso los manigüeros se vuelven contra Yomil Hidalgo, creyéndose mambises, guerreros de “a degüello” al servicio de una casta militar que tembló cuando el 11 de julio Cuba salió desarmada a las calles, contando entre sus valientes a jóvenes universitarios que honraron la historia patria sin necesidad de consignas ni hashtags. A ellos les bastó con su pecho bravo, como a esos próceres que el realizador Yimit Ramírez bajó de sus pedestales para ponerlos justo donde van, del lado del pueblo.

 

Los gallos de pelea de Díaz-Canel