POR TIERRAS DE CATALUÑA

Por Félix José Hernández, París, septiembre 20

Querida Ofelia,
Pasamos una semana en las tierras de la Madre Patria, más exactamente en Cataluña. Fuimos por tren, en coche cama. Salimos a las 8 de la noche de la parisina Gare d'Austerlitz (una de las seis grandes estaciones de ferrocarriles del siglo XIX con que
cuenta la ciudad), para llegar a las 8 y 20 a.m. a la Estación de Francia, en la bella Barcelona. Eramos 26 estudiantes, dos profesores de español, una de Derecho, con su hija Charlotte (chica muy arrogante, pretenciosa, en fin, muy suya) y mi esposa.
Las señoras que habían ido a despedir a sus vástagos me recordaban a las ansiosas madres del barrio de Cayo Hueso, en Centro Habana, cuando las destartaladas guaguas salían con sus proles para los campos de trabajos voluntariamente obligatorios, durante 45 heroicos días de promiscuidad y de vulgaridad infinitas.
E1 silbido del tren las interrumpió en sus despedidas y las sobresaltó. Desviaban sus ojos con lágrimas a la búsqueda de sus hijos, que aparecían por las ventanillas, sonrientes.
-¿Qué te pareció el show de mamá?-dijo una de las chicas mientras sacudía burlona
el pañuelo por la ventanilla.
-Un poco triste a pesar de todo.
-Siempre se pone así, llora por nada.

Ya sabes,¡las madres!-le dijo a la otra con fingido patetismo.
Al llegar a Barcelona nos estaba esperando un autocar, cuyo chófer se llamaba Félix, un andaluz, más exactamente cordobés, muy amable. A partir de ahí y durante una semana no paramos de visitar y pasear
por lugares interesantes. La lista sería larguísima, así que te voy a contar lo más importante.
Recorrimos el inmueble de Gaudí llamado "La Pedrera", que parece un acantilado submarino con sus líneas onduladas. La vista de los tejados produce una extraña sensación:las chimeneas y las bocas de areación recuerdan a un ejército fantasmagórico.
Visitamos el Museo Marítimo que se encuentra un costado del monumento a Cristóbal Colón. Se extiende por diez naves de los antiguos astilleros (siete del siglo XIV y las tres del lado de la Rambla del siglo XVII), con cubierta de madera sostenida por potentes arcos de piedra. Entre las cientos de maquetas de veleros y vapores se destaca la reproducción a tamaño natural de "La Real", la galera mandada por Juan de Austria en Lepanto, construída en estos astilleros. También visitamos allí la reproducción de la Carabela Santa María.
Paseamos por el Parque Güell, la más famosa de las obras encargadas por Güell. Debía ser en un principio una ciudad jardín. Aquí Gaudí desarrolló su prolífica imaginación. Da la impresión de penetrar en un mundo encantado de pabellones con forma de champiñones, escaleras que recorre un dragón de mosaicos, bancos ondulados, columnas inclinadas y avenidas que transportan a un mundo de alucinaciones.
Una combinación de arquitectura y naturaleza en la que logra un aspecto rupestre y fantástico. Pudimos admirar la gran Catedral de La Sagrada Familia, proyecto de Villar continuado por Gaudí a partir de 1883, pero que al morir, atropellado por un tranvía, no pudo terminar. Devastada durante la Guerra Civil de 1936-1939, por los "compañeros" que la incendiaron, tuvo que esperar al 1940 para que las obras se renaudaran. Hoy posee ocho campanarios y dos fachadas entre ellas la de La Pasión, que fue concluída en el 1981. Es un verdadero bosque de esculturas y un ejemplo de los daños que pueden hacer los "compañeros":¡el Partido pasa, la Iglesia es inmortal!

Fuimos al Montjuic (monte de los judíos) y allí visitamos tres obras gigantescas. La primera fue el gran Estadio Olímpico, algo muy impresionante. La segunda fue el enorme Museo de Arte de Cataluña,
instalado en el Palacio Nacional, construído con motivo de la Exposición Internacional de 1929, que contiene espléndidas colecciones románicas y góticas procedentes de numerosas iglesias de Cataluña y Aragón.

La tercera fue la Fundación Joan Miró. Este gran pintor (1893-1983) impregnó la capital catalana de su personalidad a través de su original obra: mezcla de alegría, humor, elegancia y espontaneidad casi infantil. Sus obras se encuentran por toda la ciudad, como los murales de cerámica en el aeropuerto y los mosaicos en el pavimento de las Ramblas. En el Museo que parece un bunker, hay numerosas obras de Miró y también de: Matisse, Tanguy, Marx Ernst y Chillida. Desde su terraza se ve una bella vista de la ciudad. Al lado del museo hay un jardín mediterráneo muy bonito con esculturas modernas. Me impresionó mucho una obra de arte que consistía en una mesa puesta muy elegantemente con platos de porcelana, copas de
cristal y cubiertos de plata sobre mantel de hilo de un blanco inmaculado, pero una sola silla estaba colocada, era nada menos que el garrote.
Fuimos a la iglesia de Santa María del Mar, en el puerto, acababa de ser restaurada, es una de las más bellas obras del gótico catalán. Construída en el siglo XIV por los marinos que habitaban ese barrio, quienes, a pesar de sus modestos recursos económicos querían rivalizar con los burgueses que en esos momentos financiaban la catedral. En el interior, los esbeltos pilares aumentan la sensación de amplitud de las tres naves de gran altura.
El Museo Picasso está instalado en los preciosos palacios góticos de Berenguer, de Aguilar y del Barón de Castellet. En él, cientos de obras de los diferentes períodos de la pintura del genial malagueño, cubren las lujosas paredes. Me gustaron mucho los grabados de la Tauromaquía y por éso nos compramos varias reproducciones. Nos fuimos de compras al Corte Inglés, los habituados dicen El Corty, allí recuperamos un poco de pasado. Llenamos cestas con: talco y jabones La Maja, jabones Heno de Pravia, turrones Alicante
y Jijona, mazapán 1880 y de la Viuda, galletitas María, gelatinas de cinco sabores diferentes Royal, paquetes de chicharrones de puerco, los cuales allí se llaman cortezas de cerdo (¡Qué lindo suena!).
En cuanto a discos compramos de:Luis Miguel, Estopa, La Oreja de Van Gogh y Jarabe de Palo.
Son muy originales los nombres de los grupos actuales del pop español. ¿No crees? Además compramos barras de dulces de guayaba y mango Conchita, souvenirs del Barça para nuestro hijo y dos vídeos:
"Notting Hill" (en versión española) y "Tango" de Carlos Saura.
Como siempre, regresamos con una valija llena de compras de cosas que son difíciles de encontrar en La Ciudad Luz.
Paseábamos todos los días por la Rambla,desde orillas del mar, en donde está el monumento a Colón hasta la Plaza de Cataluña, allá en lo alto. Avenida llena de vendedores de flores y de pajaritos, entre gente, alegre y bulliciosa.
Nos fuímos a La Barceloneta de tapas. La tapa constituye un término gastronómico impreciso, es cualquier tipo de alimento sólido capaz de acompañar una bebida. Se dice que es de origen andaluz, pues según parece, a las primitivas lonchas de jamón o chorizo con las que tapaban las copas o chatos de vino en los colmaos del sur de España, se les llamaba tapas. Las tapas son la mejor comida rápida de Europa. Llegamos al bar restaurante y a todo lo largo y ancho de la gran barra, había decenas de platos que contenían:
pan, pescaditos azules, hojaldritos, aceitunas, quesos en tacos, minisándwiches, frutos secos,callos a la madrileña, boquerones en vinagre, albóndigas, tortillas de patatas, ensaladillas, los afrancesados canapés, pulguitas, y hasta bocatines.
Elegimos este lugar, "El Madrid", porque vimos el piso repleto de papelitos blancos y una muchedumbre que llenaba el local desbordaba hacia la acera y llegaba hasta el medio de la calle y eran todos españoles (perdón, catalanes). Nunca le digas a un vasco o a un catalán que es español, pues corres el riesgo de desencadenar un incidente diplomático.Tampoco le digas nunca a un español gallego, pues no es apreciado por los que no nacieron en la pobre Galicia.

A mí me encanta La Madre Patria. Por todas partes hay algo o alguien que me puede recordar mis años del antaño, en la ex-Perla de las Antillas. Me fascina ese espíritu español, inquieto, burlón. Sin lugar a dudas nuestra cultura tiene las mismas raíces.
Barcelona, la ciudad más rica de España, es formidable, es una ciudad en la cual sus habitantes saben utilizar las 24 horas del día. Así por ejemplo, el día por lo general comienza a las diez de la mañana, y la costumbre, universalmente aceptada, es la de hacer una pausa antes del mediodía para ir a la cafetería a
tomar café y saborear un emparedado o pulga. Una vez empulgado y revítalizados con el café, se puede esperar hasta las dos y media o tres de la tarde para almorzar.A las cuatro se reanudan las actividades vespertinas y el día laboral concluye.
Este único y prolongado itinerario permite no sólo disminuír los problemas del estrés y de la tensión nerviosa, sino también aumentar el nivel de la calidad de la vida. Es imposible cenar como Dios manda en Barcelona antes de las diez de la noche, pues casi todos los restaurantes están cerrados. Para
constatarlo sólo hay que dar un paseo por Las Ramblas que equivalen a La Rampa del Vedado o al Prado habanero a eso de las tres de la madrugada, parece como si se estuviera en los parisinos Champs
Elysées a las siete de la tarde.
En otras palabras, Barcelona no duerme, pero no presume de ello, como lo hace por ejemplo New York. Allí es una forma de vida y nada más.
Hay tantas cosas que me gustan de esta ciudad:la abrupta amabilidad de sus gentes y sus tenderos. Lo tarde que abren los almacenes, ese Corte Inglés que tanto me recuerda "El Encanto" de Galiano y San
Rafael, sus bares y restaurantes; lo barato que es ir al cine (la mitad del precio del billete en París), las tapas gratis que siempre te dan cada vez que pides una copa en un café. Lo maravilloso que es el Barrio Gótico, el fascinante Barrio Chino, La Sagrada Familia, la arquitectura de Gaudí y de Boffill, el mar, con todas estas grandes avenidas que desembocan a él como en La Habana. Barcelona es una ciudad repleta de taxis, siempre hay uno cuando te hace falta y lo atractivo que resulta que todo el centro sea peatonal. Se puede caminar por el centro de las calles para ir a cualquier sitio de interés. Todo ese centro formado por El Passeig de Gracia y las calles de los alrededores Rambla de Cataluña, la Diagonal, Plaza de Joan Carles I, la Avenida del Portal de l'Angel, todo repleto de bellas tiendas, boutiques de moda, diseño, antigüedades, etc.
La capital catalana posee divertidos parques de atracciones, como el de Montjuic, al cual subimos por un teleférico que parte desde el gigantesco puerto, y el otro, el del Tibidabo, que desde sus 532 metros de altura ofrece una vista panorámica de toda la ciudad y del Mediterráneo de un azul intenso.
Por las noches, en la ciudad tiene su tráfico intenso, y los barceloneses elegantes llenan los cafés y restaurantes de El Ensanche, con decoración modernista o vanguardista, los del barrio gótico y los de las proximidades del puerto que son más castizos. (continúa)

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