¿ADONDE FUERON A PARAR LAS
BOMBAS ATOMICAS PORTATILES SOVIETICAS?


Por Félix José Hernádez, París, 4 de agosto
Hace dos semanas, me encontraba con mi familia en el Parque Termal Jardini di Poseidon de la Isla de Ischia, más conocida como l’Isola Verde, en el Mar Tirreno. Era un día soleado, con un cielo de un azul intenso y una temperatura de unos +35°C. El lugar, al cual se puede entrar pagando un billete de 42 euros por persona, es un verdadero paraíso creado por una familia germánica. Consta de una playa privada de arena volcánica, de unos dos kms. de largo, donde están situadas centenares de sombrillas con sus respectivas tumbonas y mesitas, para el disfrute de los turistas. Paralelo a la playa se extiende un espléndido jardín mediterráneo y decenas de piscinas termales, que escalan las laderas del volcán transformado en escalinata gigantesca. Varias cafeteríasy restaurantes, separan las piscinas y las saunas cavadas n la roca volcánica. Todo dominado por la estatua de bronce de Poseidón. En un estanquillo de prensa me compré la revista Panorama ( de centro derecha), una de las dos mejores de Italia, la otra es L’Espresso (de centro izquierda). Encontré un artículo muy interesante del senador de Forza Italia, Paolo Guzzanto, y que puede provocar sudores fríos. A continuación traduzco lo que más me llamó la atención y me hizo reflexionar sobre el peligro que corríamos, allí, en un lugar tan bello, lleno de familias de la clase media itálica y de turistas fundamentalmente germánicos, que se divertían sanamente.

En ruso se llaman “yadernyi ranets”, son mochilas nucleares, y contienen un dispositivo capaz de provocar una explosión atómica de diez kilotones, más o menos como la bomba de Hiroshima. La antigua Unión Soviética había diseminado y scondido
cuidadosamente 132 en Europa y América del Norte.

La Rusia democrática de Boris Eltsin sólo pudo recuperar 48. No hay noticias sobre dónde están las otras 84. Hogaño las autoridades rusas lo niegan y tratan de loco, al que se atreve a preguntar a propósito de ese espinoso tema. No obstante, después del reciente ataque de Al Qaeda en Londres, donde fueron utilizadas mochilas

con explosivos convencionales, es necesario preguntarse adónde fueron a parar las mochilas nucleares soviéticas, que según los expertos, pudieran terminar en el mercado negro del contrabando nuclear. Es lógico que esta historia sea de angustiosa realidad: es posible, más aún, probable, que después de los U.S.A., España y Gran Bretaña, el próximo ataque sea en Italia. Es indispensable que sobre esta historia
de las mochilas nucleares- que fueron manejadas por el KGB-, se le dé la importancia necesaria por medio de los canales aún activos del SISMI, el SISDE ( servicios secretos) y el gobierno, a la escalada terrorista que ya se teme, después de los atentados de Londres.

El mes pasado, la policía estuvo investigando a propósito del tránsito y desaparición de una valija nuclear en la zona de Rimini, después de un probable paso por San Marino, estado soberano que durante la Guerra Fría mantuvo relaciones muy fraternas con la U.R.S.S. Por otra parte, basta leer el informe presentado por el congresista estadounidense Curt Weldon, republicano de Pennsylvania, a la comisión
conjunta Armed Forces Committee & Homeland Security Committee, y detenerse
en los puntos escenciales.
La fuente originaria del tráfico, denuncia Curt Weldon, es un tal Vassili Mitrokhin. De las listas pertenecientes a Mitrokhin se ocupa actualmente la comisión de investigación italiana.
El ex-archivista del KGB Oleg Gordiewski, confirmó la diseminación sistemática de los artefactos explosivos contenidos en las mochilas y maletines. La noticia fue confirmada por el ex-agente soviético del servicio secreto militar en Washington, Stanislav Lunev y por el general Sergeij Lebedev, el que fuera jefe del servicio de espionaje exterior del KGB. Este último lo confirmó al congresista Curt Weldon, durante un coloquio en su despacho en Moscú, en el cual estaban presentes otros cinco congresistas Demócratas y Republicanos. Declaró que había recibido la orden del gobierno de Eltsin, para que buscara las 132 mochilas escondidas por el mundo, pero había logrado encontrar solamente 48.
El gobierno ruso reaccionó ante esas declaraciones, definiendo a Lebedevcomo a un loco y a Mitrokhin como traidor, así como a todos los que tratan hoy día de hacer relucir la verdad, sobre las actividades secretas de la ex-Unión Soviética, actividades que aún están bajo protección de las autoridades actuales.
Los congresistas americanos lograron otros testimonios, como el del científico Alexi Yablakov, el cual declaró que había estado al corriente de la desiminación nuclear y de la creación de los artefactos explosivos producidos por el KGB. Yablakov fue inmediatamente definido como loco. Como se puede constatar, no se trata aquí de arqueología de la Guerra Fría, sino de un peligro actual.
Es necesario retener lo que declaró el ex-general Vladimir Dvorkin, quien fuera director del Instituto de Investigaciones 4 ( fuerzas coheteriles estratégicas): las mochilas y los maletines están bloqueados por sistemas de seguridad. Por otra parte, algunos de los artefactos explosivos deben ser renovados frecuentemente, lo cual puede ser reconfortante.
Pero cada mochila contiene uranio o plutonio suficiente para construír una “bomba sucia” que aunque no produzca una explosión nuclear, puede contaminar decenas de kms. cuadrados, volviendo inhabitable una gran ciudad por medio siglo, después de haber causado miles de muertes. Como se ve, se trata de una cuestión delicada, también porque sobre todo, las autoridades rusas no parecen tener deseos de colaborar. Ignoramos lo que saben los rusos y lo que poseen en sus archivos los
servicios secretos occidentales. Un suceso de gran interés fue que Mitrokhin, desde los archivos del KGB diera la información sobre la existencia de las mochilas y maletines nucleares diseminados, confirmando, al mismo tiempo, la circunstancia más angustiosa y actual: el KGB ha utilizado los canales criminales elevados al rango de “directores” de la policía secreta. Estos canales están activos hoy en día y son utilizados por las mafias rusas y ucranianas, para todo tipo de operaciones secretas.

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