Elizabeth Burgos, Cubaenelmundo.com, noviembre 18

En vísperas de la última Asamblea General de Naciones Unidas (septiembre 2007), el recluido Fidel Castro, - tras una de esas desapariciones de varias semanas que suelen disparar conjeturas acerca de su posible fallecimiento, resucitó como de costumbre con una bien calculada aparición en la televisión - tras haber opinado sobre temas diversos: las memorias de Greenspan, las de la señora Thatcher, los tipos de interés, el precio del dólar, y de haber explicado sus teorías científicas acerca de los atentados de las Torres Gemelas, de pronto asoció con algo que llamó la atención por lo alejado de los temas que había estado abordando, además de tratarse de una enorme mentira: “nunca he usado el insulto en política”, “evito ofender, todo lo que sea ofender por gusto” , “un político no puede hacer cosas que signifiquen ofender por gusto a la gente”, declaró Castro en aquella ocasión.

Hugo Chávez , quien el año anterior, debido a los insultos que profirió contra el

presidente Bush, perdió el ansiado cargo en el Consejo de Seguridad, que ya tenía garantizado mediante remuneración previa a los votantes, (por cierto, me comentó entonces un diputado socialista chileno que “Michelle (Bachelet) iba a votar por Chávez y por culpa de las presiones de “los reaccionarios de la Democracia Cristiana, no pudo hacerlo, por lo que se vio obligada a abstenerse”.) Chávez, quien ya había anunciado su presencia, sorpresivamente, a último momento, hecho inaudito en alguien tan adicto a las tribunas, decidió no asistir. Además, era una buena ocasión para que se encontrara con Nicolás Sarkozy y adelantaran conversaciones con respecto a la “obsesión que tiene Francia de liberar a Ingrid Betancourt”, según las palabras del propio presidente galo. Pero, tal vez, fue por esa misma razón que Castro intervino para disuadir a Chávez de acudir a la reunión anual de la ONU, pues la incontinencia verbal de su pupilo podía destruir el escenario que tan sabiamente la diplomacia Chávez/Castro y los sectores afines a la FARC en Colombia, habían ido edificando alrededor del estamento de poder en Francia. Una salida extemporánea como la de Santiago de Chile, ponía en peligro la relación con Sarkozy, pues éste, aunque comparta con el venezolano la misma pasión mediática, está sujeto a las normas de un Estado democrático. Y aunque la diplomacia francesa se inspira en el axioma del general de Gaulle, de que los Estados no tienen amigos sino intereses, Sarkozy sabe que hay límites que no pueden ser sobrepasados. Lo curioso del hecho es ¿por qué Castro escogió el método indirecto para disuadir a Chávez de acudir a la cita de Nueva York, si se sabe que mantienen comunicación telefónica permanente? Queda pendiente la respuesta... tal vez el hijo predilecto trató de rebelarse y acudir a la cita de Nueva York, pese a que el padre había decidido otra cosa.

En todo caso, fue el Ministro cubano de exteriores, Pérez Roque, quien acudió a la Asamblea de la ONU y creó el acontecimiento, al anunciar la buena nueva de que “Cuba estaba dispuesta a ceder su soberanía y banderas en aras de la “Patria Grande”.

La Confederación Cuba-Venezuela es la configuración geopolítica ideada por Castro y Hugo Chávez para garantizar la perennidad del mesianismo castrista y destinada a regir los destinos de América Latina. Lo extraño es que un hecho de tal envergadura, que atañe el futuro de la nación cubana, lo anunciara un simple ministro, que no pertenece a las FARC y ni siquiera forma parte del estamento de los históricos. Lo menos que se hubiese esperado es que tal declaración, procediera de Raúl Castro, presidente provisional, o lo más lógico, que Fidel Castro hubiese enviado un documento escrito, puesto que ya no se desplaza.

No obstante, se han podido percibir matices en el seno de la dirigencia cubana ante este asunto crucial y tal parece que los partidarios de la Confederación Cuba-Venezuela lo constituya el clan de los civiles, el llamado “Grupo de Apoyo” que rodea a Fidel Castro. El primero que mencionó el hecho de que Cuba tenía dos presidentes, refiriéndose a Fidel Castro y a Hugo Chávez –-ignorando la existencia de Raúl Castro-– fue hace unos meses Carlos Lage en Caracas . Durante la visita oficial de Hugo Chávez a Cuba , iniciada el 12 de octubre pasado, en varias ocasiones se refirió en sus intervenciones públicas a la “confederación” y a que en la práctica los gobiernos de Cuba y Venezuela conforman una sola entidad. Sin embargo, Raúl Castro, durante la firma de una serie de nuevos acuerdos bilaterales entre ambos países, se refirió a “unión e integración” que corresponde al discurso que todos los gobernantes latinoamericanos han adoptado para designar los planes de integración regional a los que están abocados, y que lograron un impulso particular durante las presidencias de Fernando Enrique Cardoso. Este hecho demuestra las diferencias de percepción que se perciben en el paréntesis en el que está sumergida Cuba, mientras la figura totémica de Fidel Castro permanezca reinando en el panorama cubano.

En todo caso, Hugo Chávez se apresta a darle carácter constitucional a la Confederación Cuba/Venezuela. Según Edgar C. Otálvora, analista de relaciones internacionales, en un artículo del 7 de noviembre, “La fusión Cuba Venezuela en la nueva constitución”, se hace eco del análisis del constitucionalista Adolfo Salgueiro quien se ha dedicado al estudio de la reforma constitucional que será sometida a referéndum el próximo 2 de diciembre en Venezuela, quien revela que se incluyó entre las reformas constitucionales una cláusula que permita la figura del gobierno conjunto a cuyos efectos se incluyó en el artículo 153 la “Fundación de Repúblicas que consoliden proyectos estructurantes de la región” como una de las misiones que la República “promoverá y favorecerá”.

Según el doctor Salgueiro, ante el malestar que causó dicha cláusula entre grupos chavistas, quienes relacionaron el texto con las declaraciones de Chávez en La Habana a propósito de fusión de ambos gobiernos, se borró lo de “fundar Repúblicas”, pero se introdujo de manera disimulada la misma idea: “la República promoverá la “confederación” en América Latina. Comparando las declaraciones y matices del discurso de Chávez y de Raúl Castro, Otálvora concluye sugiriendo que todo parece indicar que ni Raúl Castro ni la casta militar que lo rodea comulgaran con la fusión con Venezuela . La Confederación sería entonces un proyecto de los civiles que rodean a Fidel Castro y “quienes son los enlaces privilegiados con Chávez”.

Volviendo a la cuestión de los insultos, en aquella declaración Castro daba una vez más, muestra de su conocida capacidad de reescritura de la historia, pues si hay alguien que ha prodigado insultos y utilizado métodos reprensibles en su trato con responsables políticos, ha sido él, a Mao lo trató de viejo chocho, de senil.

Por cierto a José María Aznar, uno de los raros responsables políticos españoles que mantuvo una actitud de enfrentamiento con él, en particular en lo relativo a los Derechos Humanos, en una de las cumbres ibero-americanas lo insultó tratándolo de “fuhrercito”. (No es difícil adivinar de donde proceden los argumentos empleados por Chávez en Santiago de Chile).

Hasta la llegada de Aznar al gobierno de España, Castro, desde 1959 había gozado de la magnanimidad de todos los gobiernos de España. De Franco que le prodigó a Castro una simpatía casi paternal pues consideraba que el joven Castro vengaba a España de la afrenta que le inflingió Estados Unidos con la derrota de 1898, cuando España perdió a Cuba. Los de izquierda por aquello que Peter Sloterdeijk denomina la “auto amnistía de la izquierda” por lo de usar un doble rasero para medir a las dictaduras según la vocación ideológica a la cual éstas se acojan. Para la izquierda existen dictaduras buenas y dictaduras malas, y por supuesto, el “anti americanismo obliga”.

Los insultos del teniente coronel Hugo Chávez en Santiago de Chile a José María Aznar, y a través de él, al gobierno de España, no fueron casuales. Castro es rencoroso y es bien conocida la docilidad del venezolano ante el caudillo cubano, pero tampoco es que Castro, pese a sus signos evidentes de senilidad, y todavía hace gala de sus obsesiones, actúe a la ligera. Toda movida de fichas que realice, corresponde a una jugada que por lo menos le abra dos opciones de igual valor, que vayan en pro de sus objetivos. Y me refiero a Castro en el incidente de Santiago de Chile, porque quedó muy claro que estaba orquestando el comportamiento de su pupilo. Basta recordar la llamada telefónica que le hizo desde La Habana al velódromo en donde se encontraba Hugo Chávez, junto a sus socios (Evo Morales y Daniel Ortega), festejando con sus aficionados, para felicitarlo por su “hazaña”. Y pese a la cara que pusieron los funcionarios cubanos e incluso los venezolanos durante el incidente, (el cubano Lage, el propio Nicolás Maduro, la embajadora de Venezuela en Chile. El único que parecía sereno era Pérez Roque) Fidel Castro le ha dedicado al incidente de la Cumbre Iberoamericana sus últimas “Reflexiones” y amenaza con otra. En la primera fechada del sábado 10, a las 6 y 02 pm, (suelen indicar la fecha y la hora) publicada en el Granma del 11, dice que “Con dolor profundo escucharía (el Che) los discursos que desde posiciones tradicionales de izquierda se pronunciaron”, comentarios seguramente dirigidos a los presidentes alineados a la izquierda, pero que no pretenden derrocar el capitalismo; Brasil, Uruguay, Chile. También acusa a los de la derecha, de asumir posiciones igualmente “tradicionales, haciendo concesiones a la supuesta izquierda”. Es decir, no son radicales, son “tradicionales”, por lo tanto, no poseen legitimidad.

El discurso del presidente de El Salvador, le provoca nauseas. En cambio las palabras de Daniel Ortega, Evo Morales y por supuesto, de Hugo Chávez, los unge con la santificación del “guerrillero heroico”; “orgullo sentiría (el Che) por sus pronunciamientos, revolucionarios y valientes.” En la segunda reflexión, escrita el 12 a las 6 y 45 pm, y publicada en Granma el 13, emplea el discurso que luego ha sido retomado, textualmente, por Hugo Chávez tras su regreso de Chile en sus apariciones públicas en Venezuela, prosiguiendo la guerra verbal contra España y el monarca español: “Países saqueados durante siglos por el coloniaje y el imperialismo.” El tono enfático, inspirado en la épica martiana, que al oído contemporáneo suena en extremo cursi, Fidel Castro, fiel a su impulso de doblegar la historia a su imaginario embriagado por las hazañas, y su voluntad de reescribirla decreta que : “El sábado 10 pasará a la historia de nuestra América como el día de la verdad.” Y los insultos de Chávez a Aznar se convierten en “El Waterloo ideológico” cuando el Rey de España le preguntó a Chávez de forma abrupta “Por qué no te callas?”, declaración destinada a alimentar el ego patológico del teniente coronel. Lo que no queda claro quién es el Napoleón de la historia. Aún más cuando afirma que: “El pueblo venezolano (…) se estremeció al vivir de nuevo los días gloriosos de Bolívar”. ¡Pobre Bolívar! que para conquistar la gloria se vio obligado a tantos esfuerzos, recorrer durante varios años la Cordillera de Los Andes a caballo, dirigir batallas, enfrentarse a enemigos, hoy, gracias a Fidel Castro, se puede conquistar la misma gloria profiriendo un insulto. En todo caso, este desvío sorprendente por la historia lo coloca a la vanguardia de los autores más osados de la post modernidad.

Cabe preguntarse las razones de Castro para acosar de esa manera al gobierno de Rodríguez Zapatero, si ha sido precisamente ese gobierno el que abogó ante la Comunidad Europea para que ésta levantara la sanciones contra Cuba tomadas a raíz de los fusilamientos de los tres jóvenes que habían intentado secuestrar una embarcación para huir a la Florida en 2004. Ante tan horrendo hecho, el lobby castrista del Parlamento europeo fue neutralizado y los demócratas pudieron al fin expresar su solidaridad con la oposición cubana. Se organizaron foros en Bruselas sobre el tema de Cuba y lo derechos humanos. Se le otorgaron premios a organismos que en la isla luchan por esos derechos. Con la llegada al gobierno de Rodríguez Zapatero, España aboga ante la UE para que se vuelva al estatus anterior, pues “es mejor mantener el diálogo”. Los europeos aceptaron, se levantaron las sanciones contra Cuba y se volvió a la actitud de siempre; el régimen cubano persiste en la represión y las instancias comunitarias continúan aguantando los desplantes de sus funcionarios.

Un dato a tener en cuenta, no es Cuba sino Venezuela que se enfrenta con España. Y allí radica una de las movidas del juego. Es cierto que Castro nunca pone en riesgo a Cuba , y si se toma en cuenta la situación actual de la isla, --regida por un gobierno provisorio a la espera de la partida definitiva del patriarca--, el incidente de la Cumbre, parecería haber sido una decisión emanada directamente de Fidel Castro, secundado por el Grupo de Apoyo, o los “talibanes” como se le llama familiarmente también, al grupo de elite que lo rodea. Jóvenes formados por Fidel Castro , que poseen poder en la medida en que son sus perros de presa, guardianes de la ortodoxia mesiánica del castrismo, pero que cuando ocurra su desaparición quedarán en la orfandad de poder, de allí la importancia de su alianza con Chávez, quien les aseguraría su sobrevivencia. Mientras, el acercamiento con Estados Unidos está planteado, o por lo menos es el deseo que ha manifestado Raúl Castro en varias ocasiones, y por parte de Washington, si bien no hay rechazo opta por la cautela; como cautela es también la que ha observado hacia el gobierno de Hugo Chávez, pese a que los medios dan otra imagen, Fidel Castro, busca inmediatamente un contrincante de substitución y le echa leña al fuego en el continente para que se prenda una guerra contra Europa. Si se pierde un enemigo, se debe buscar otro. El castrismo se legitima en la confrontación. De allí que la actitud hacia España, asumida por Chávez, tenga varias lecturas.

1 – Al haber alcanzado las FARC el estatus de entidad beligerante, gracias a la intervención de Francia que abrió el juego que estaba detenido entre el gobierno de Uribe y las FARC por el asunto de los rehenes, lo que en realidad ha sucedido es que Chávez no ha servido de mediador para ayudar a Francia a obtener la liberación de Ingrid Betancourt como se cree, sino más bien le ha servido de mediador a las FARC para que éstas alcancen ese estatus, y sean admitidas como una fuerza política con todas las de la ley. Hoy, esa meta política la han alcanzado. Hoy Venezuela enarbola públicamente un papel que hasta ahora ejercía de manera disimulada, el de zona de despeje y sede diplomática de las FARC, y éstas aparecen en el panorama internacional, detentando la ventajosa postura de ser solicitadas por Francia, uno de los países más importantes de la Unión Europea. A los planes de largo plazo del binomio Castro/Chávez, y aún menos a las FARC, les conviene de manera inmediata la liberación de Ingrid Betancourt. Mantenerla prisionera significa alargar el plazo de la negociación, lo que le otorga a las FARC la posibilidad de ganar tiempo, durante el cual irá montando su propia maquinaria electoral, mediante grupos y personalidades que les son afines, y estar preparadas para el momento de la campaña electoral, cuando el mandato del presidente Uribe llegue a su término. Este parecería ser el trasfondo de la mediación del presidente venezolano que parece haber convencido a las FARC de que se “dejen de hacer guerrilla y ganen elecciones como yo”. Mientras duran las negociaciones, las FARC podrán desplazarse, establecer contactos políticos, hacerse de un nuevo rostro que no esté mancillado por su condición de narco guerrilla.

Es muy posible que la liberación de Ingrid Betancourt intervenga en el transcurso de la campaña electoral. Será un golpe maestro, pues en lugar de considerárseles culpables a las FARC de crimen contra la humanidad, como debería ser considerado el secuestro, se les admirará y agradecerá por haber liberado a la más célebre de las centenas de rehenes que tienen bajo sus garras. Y como en este mundo en el que la manipulación mediática pone a los individuos en estado de histeria permanente, pese a los sentimientos democráticos de la mayoría de los colombianos, no sería imposible que el próximo gobierno que acceda al poder, sea afín a las FARC; por lo menos, ese es el sueño que abrigan Castro y Chávez. Si cae Colombia, suerte de isla protectora que mantiene frenado el sueño mesiánico del caudillo venezolano de repetir la gesta bolivariana, además de contar con una salida al Pacifico y así poder sustituir a su principal cliente y venderle el petróleo a la China, ya no será la confederación Cuba-Venezuela, porque se le agregará Colombia, el Ecuador, Bolivia. Quedando, por ahora, pendiente el Perú. La apuesta electoral del ex teniente-coronel Ollanta Humala fue prematura, porque no contaba con un equipo político y menos con un aparato que le permitiera imponerse, además que las declaraciones de apoyo de Hugo Chávez, le dieron el tiro de gracia. Por el momento, gracias a la ayuda de Hugo Chávez, Humala se dedica a construir un movimiento político con el que piensa dentro de tres años, volver a la contienda electoral. Humala posee un ascendiente incontestable entre los rangos del ejército integrados por indígenas y en la zona del Cuzco. La agenda pendiente con el mundo indígena, sus justas y comprensibles reivindicaciones, pueden ser fácilmente manipuladas por un discurso teñido de racismo, que es el objetivo de las declaraciones anti españolas de Chávez y de Castro, y el sacar de nuevo a relucir la conquista, son signos de que la cuestión racial, estará cada día más presente en la agenda castro/chavista.

En Bolivia , el oficialismo niega el mestizaje y divide al país en dos bandos, colocando al país al borde de la guerra civil. En las manifestaciones del oficialismo en Venezuela, cada día se hacen más ostensibles las pancartas contra los “hijos de los europeos”. Las propiedades de españoles, portugueses e italianos, son invadidas, y saqueadas, sin que por cierto, ateniéndonos a las quejas de la víctimas, la embajada de España en Venezuela, se preocupe mucho por el asunto.

En todo caso, mantener la beligerancia con un país de la Unión Europea como parece ser la intención Chávez con España, crea un malestar que no actúa en pro de las negociaciones destinadas a solucionar el problema de los rehenes, pues como vimos, prolongarlas ayuda a los planes geopolíticos de Castro/Chávez, al mismo tiempo, que exacerba el sentimiento racista que peligrosamente cada día cobra más fuerza en Bolivia, y que fue la base de sostén del movimiento de Ollanta Humala en las pasada elecciones en el Perú, que la incontinencia verbal de Hugo Chávez le hizo perder. De allí que ahora se muestre más discreto, no intervino en las elecciones de Guatemala, tampoco en las de El Salvador, pese a que en estas últimas interviene activamente, financiando al grupo de extrema izquierda.

2 – El tema de la XVII Cumbre Iberoamericana fue el de “instalar en el centro de las políticas y materializar, la cohesión social” y promover un “nuevo pacto social para construir sociedades más justa e inclusivas”. El aporte de la Presidenta de Chile, Michelle Bachelet , en esta configuración, ha sido determinante. Y es allí en donde radica el disgusto de Fidel Castro y la rabieta del teniente-coronel.

Cuando Fidel Castro propugnaba el dogma de la lucha armada, la elección de un socialista a la presidencia de la República, como fue el caso de Allende, constituyó un hecho insoportable para el cubano, pues desvirtuaba el dogma de la lucha armada como único medio de acceder al poder, y operar cambios sociales. De allí que se dedicara a imposibilitarle la vida a Allende, de impedirle gobernar, incitando a las fuerzas radicales chilenas a polarizar la situación con el fin de acosar al presidente y conducirlo al estallido de la guerra civil. Ya sabemos cómo terminó Allende y el precio que han pagado los chilenos. Del golpe de Estado de Pinochet, se puede afirmar sin complejos que no sólo son culpables los militares chilenos. En ese sentido, Joaquín Villalobos afirma, que en el caso chileno, la política de Nixon y la de Castro se complementaban.

Hoy, en lugar de guerrillas, el castrismo recurre al golpe de Estado institucional mediante las técnicas de la democracia y se arroga el monopolio de hablar en nombre de los pobres del mundo. De allí el que un grupo de presidentes, en el marco del sistema capitalista, decidan llevar a cabo políticas sociales, es inadmisible para él, pues le quitan el monopolio que intenta ejercer Hugo Chávez con su socialismo del Siglo XXI en el continente, que al igual que en el pasado el dogma de la lucha armada, hoy lo ofrece como dogma único para “salvar al mundo”. Que se demuestre que se pueden llevar a cabo políticas sociales en el marco de un Estado de derecho y de régimen capitalista, le quita toda legitimidad al proyecto chavista de allí la voluntad de hacer fracasar la Cumbre.

El consenso buscado por la presidenta Bachelet obraba en pro de abrir el camino para que al fin, América Latina abandone el papel de víctima, y de eterna plañidera y sobrepase la interminable queja por los “quinientos años, y se decida de una vez a ser competitiva en materia tecnológica, y, como todos los países que avanzan y se desarrollan, midiéndose con el resto del mundo. Después de todo, Estados Unidos también fue colonia europea, y nunca se queja de que Inglaterra se beneficiara de sus riquezas, y es hoy además, la primera potencia mundial.

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CASTRO IDEO EL ATAQUE DE CHAVEZ A ESPAÑA