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Por Claudia Montero, Cubanet.org, Junio 4, 2021

LA HABANA, Cuba. – En el partido Cuba contra Venezuela del Torneo Preolímpico de Béisbol, además de Kiele Alessandra Cabrera, la joven que se lanzó al campo de juego con un cartel pidiendo libertad para Cuba, resaltó otro grupo de jóvenes con rótulos detrás del home plate del estadio The Ballpark de Palm Beach, en Florida. 

 

 

 

 

 

Fotos del líder del Movimiento San Isidro, Luis Manuel Otero Alcántara, banderas cubanas, pancartas y pulóveres con la frase “Patria y Vida” se pudieron ver incluso en la Televisión Nacional de Cuba, que transmitía el juego para todo el país. Sin embargo, durante los menos de 60 segundos que estuvo en pantalla, un cartel en particular llamó la atención: “Díaz-Canel singao”.

Dos de las jóvenes cubanoamericanas ubicadas en los asientos detrás de home se llaman Camila Remón James y Adalixis Almaguer Tarragó. 

Camila quedó disfónica de tanto gritar “Patria y Vida” y otras frases que también se pudieron escuchar en la Isla como “Libertad” y “Abajo la dictadura”. Los brazos de la holguinera Adalixis, “la muchacha del cartel de Díaz-Canel singao”, como ella misma se presenta, “nunca fueron tan fuertes”.

“Para que mi gente de aquel lado de la pared de agua sepa que no está sola”, justifica.

Aunque el pasado 31 de mayo la instalación deportiva se encontraba casi vacía (debido a las medidas de prevención de la COVID-19), muchas personas que acudieron al estadio con pancartas para protestar contra el régimen cubano se quedaron fuera por la prohibición de no pasar al recinto con carteles.

No obstante, Camila y Adalixis revisaron las políticas del estadio antes de asistir, y aseguran que la entrada de carteles no estaba prohibida. “La única restricción era que no se podía entrar con un palo detrás de los carteles porque podía convertirse en un arma”, explica Camila. Por eso, el grupo de manifestantes elaboró 12 carteles de gran tamaño con los mensajes “No + dictadura”, de un lado, y “Freedom 4 Cuba”, del otro.

“Pero cuando llegamos al estadio nos los retiraron debido a políticas internas del lugar y los dejamos afuera, en la hierba, para que todo el mundo los viera”, apunta Adalixis.

Detrás de home

“Los primeros asientos, los que están pegados a la malla detrás del receptor, estaban ocupados por una serie de sujetos un poco provocadores. Constantemente se volteaban y me decían: ‘Oye, yo vine a ver la pelota, esto no es política’. Y es curioso porque muchos tenían carteles de ‘Patria y Vida’”, cuenta Camila, quien agrega que en un momento uno de ellos se volteó y les dijo: ‘Seguroso y bien’”.

Aun así, nadie logró impedir que los cubanos, en la Isla, vieran la pancarta que sostenía Adalixis.

La cartulina y el plumón los obtuvieron a última hora, gracias a dos espectadores del juego que facilitaron los medios para crear un nuevo cartel a última hora. “Una vez que estuvo el cartel me fui al frente”, relata Adalixis, graduada de Periodismo por la Universidad de Oriente.

“Siempre que intentábamos pasar adelante, la delegación cubana protestaba porque no los dejábamos mirar el juego y la policía nos devolvía a nuestro lugar, pero un señor me dijo que podíamos ocupar sus dos puestos, y ahí esperamos a que los peloteros cubanos estuvieran al bate para asegurarnos de que no podían cortar la transmisión cuando levantara el cartel”, explica.

El cartel 

Aunque Camila reconoce que el cartel ha sido tildado de “vulgar”, le parece que “la frase es bastante efectiva y engloba un sentimiento que es general”.

“Además, habíamos tenido el episodio de cuando el barrio de San Isidro impidió que se llevaran preso a Maykel Osorbo coreando esa frase. Ya que ibas a hacerlo, pues hazlo con algo que pueda llegar a todos”, analiza la activista.

“Yo estuve sujetando un pulóver que decía ‘Patria y Vida’, pero yo soy muy pequeña; teníamos que hacer un esfuerzo y hacer llegar cuanto mensaje se pudiera: es fundamental que exista una conexión entre el cubano de adentro de la Isla y el cubano que está fuera”, asegura la joven nacida en Santiago de Cuba.

Adalixis, por su parte, sabe que muchos, opositores o no, están cuestionando el carácter censurable de la pancarta. “A muchos les parece una grosería, pero no estábamos hablando con las élites, ni para las élites. Yo sé que el daño antropológico que el castrocomunismo le ha hecho a la sociedad cubana es inmenso, que hay una degradación del tejido social, que hay tremenda crisis de valores y de un montón de cosas más y que un determinado momento va a ser el tiempo de la academia, pero este no es el momento de teorizar”.

“Yo no creo que haya dentro de la Isla un solo cubano que no entienda la carga semántica de ese mensaje, por eso nos sentimos contentos, nos sentimos satisfechos, porque creemos que el objetivo era ese, hablarle a todos los cubanos en un lenguaje que todos pudieran entender”, expresa.

Sobre el cartel no solo ronda la polémica relacionada con el mensaje, sino también el cuestionamiento de “por qué lo bajamos cuando la policía lo solicitó, si le pedimos a los que están en Cuba que salgan a la calle a manifestarse. Pero son dos circunstancias totalmente diferentes. La policía nos retira el cartel por la protesta de la delegación cubana, que protestó porque le impedíamos mirar el juego”.

“Yo estoy obedeciendo a un policía que me retira el cartel a petición de la directiva del estadio, pero ese policía a mí no me tira al piso, no me restringe mis manos, no me lleva a una estación, no me comienzan un proceso penal. Yo estoy siguiendo el curso de lo establecido porque ellos también siguen el curso de lo establecido”, aclara Adalixis.

El cartel fue entregado pacíficamente “porque ya el objetivo se había cumplido: el mensaje ya había llegado al pueblo cubano. Esta vez se les coló en el canal oficialista”.

Contrario a lo que el régimen ha manifestado sobre “hostigamientos por un puñado de mercenarios” y supuestos mensajes ofensivos a los peloteros, las activistas reconocen que “no hubo” tal cosa.

“Ni siquiera nos estábamos dirigiendo a ellos (los peloteros). Todo el tiempo estábamos gritando porque queríamos colar ese grito en la transmisión que estaba haciendo la televisión nacional para los cubanos, y el mensaje era de amor, no de odio”, termina Adalixis.


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