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Por decreto, como todo cuanto ha hecho desde comienzos de la sexta década del siglo pasado, Fifo delegó en ese momento casi todos sus poderes omnímodos en su hermano menor Raúl, General del Ejército, Ministro de las Fuerzas Armadas y conocido entre la tropa por el no muy halagador mote de “la China”. Aunque no existen evidencias de que Raúl Castro sea homosexual o “bisexual”, el Tirano Substituto es notoriamente alcohólico.

La ausencia de Fifo, ostensiblemente “recuperándose” de grave cirugía intestinal, creó gran conmoción en todas partes, dando lugar a una movilización militar masiva en la Isla y a bailes callejeros en varias áreas del sur de Florida, en las que hay densa población de cubanos y cubanoamericanos. La apuesta en ambos lados del Estrecho de la Florida era si el Tirano aún vivía o si por fin era fiambre.

Este servidor de los lectores se ha mantenido al margen de esa apuesta porque no existían hasta el momento presente indicaciones de su verdadera condición vital y porque todas las evidencias circunstanciales indicaban que aún vivía. El régimen hizo circular grabaciones audiovisuales, en las que el Tirano aparecía solo o en compañía del primate de Caracas y de otros. Esas grabaciones lo presentaban en distintos grados de depauperación, pero en relativa posesión de facultades. Estas facultades eran temporalmente suficientes para que los “videos” fueran editados y publicados. Su dolencia fue clasificada como secreto de estado y esos secretos son rigurosamente mantenidos en los regímenes totalitarios. En consecuencia no había nada sólido en qué basar una opinión responsable. Ahora quizás todo eso haya cambiado.

De acuerdo al periodista de El Nuevo Herald Wilfredo Cancio Isla (quien a su vez repite lo que le informa el “grupo disidente” dirigido por Elizardo Sánchez, profesor de Marxismo en la Cátedra de Filosofía y Letras de la Universidad de La Habana hasta 1968), cuatro acusados de rebelión fueron convictos y condenados a sentencias de cárcel. Dos de ellos; un soldado y un recluso del penal llamado “El Manguito”, recibieron sentencias de cadena perpetua. Los otros dos, también soldados, fueron condenados a 30 años de prisión cada uno.

Estas extrañas sentencias tienen grandes connotaciones: se trataba de castigar una rebelión abierta contra el régimen. Nunca antes se había enfrentado el castrismo con un acto violento protagonizado por sus propios pretorianos. Los sublevados intentaban tomar control del penal y a esos efectos mataron a un oficial y un sargento. Los integrantes de esta asonada eran tres militares y dos reclusos. Uno de los soldados en rebeldía pereció en el combate. La prisión está a sólo 28 kilómetros de Santiago de Cuba. Después del incidente, los sublevados intentaron alzarse, lo que provocara la movilización castrista más intensa que recuerda toda la zona en 40 años. Los dos militares leales caídos fueron enterrados con todos los honores de su rango. El castigo que podía esperarse dada la naturaleza del “delito” era el de ejecución segura e inmediata. No ocurrió así y las implicaciones son nada menos que formidables.

Si todo esto es cierto, en la opinión de este cronista esas sentencias revelan que Fifo ya no cuenta y que son otros quienes deciden en Castrolandia. Dada la personalidad del Tirano y la naturaleza de su régimen, eso puede significar solamente su muerte, o su incapacitación permanente. Es difícil precisar cuál de las dos posibilidades redunda en mayor perjuicio al futuro de la Cúpula en La Habana, pues ninguna presagia nada bueno para ella. Desaparece el factor de unidad, el catalizador elocuente al que todos recurrían para calor o sombra. Desaparece el “Jefe”.

Pero existe otra implicación más sutil: quienes lo han substituído en un mando teóricamente temporal, no se atreven a mantener el mismo nivel de represión que fuera divisa indiscutible de Fifo y de su sistema de terror durante casi medio siglo. Esto es sin duda el primer signo de debilidad del régimen. Aunque seguramente todos los estandartes del “diálogo” inútil y el imposible apaciguamiento aplaudirán la sentencia como anunciadora de la nueva era de “Raúl el pragmático”, se trata en realidad de una primera grieta en el edificio monolítico de la Tiranía, por la que nadie sabe quién pueda colarse.

Esa grieta la abre el miedo. Miedo al futuro. Miedo a la realidad ambiente. Miedo al enmohecimiento del sistema y sus más importantes apoyos. Miedo a que tome el mando alguien con quien no se tenga previa alianza de sangre, única argamasa que hasta hoy ha mantenido intacto el poder totalitario que Fifo impusiera también por el miedo. Miedo a la reacción internacional y más aún a la reacción adversa del expoliado y oprimido pueblo, sin percatarse de que por la primer vez en cuarenta y ocho años ese pueblo contempla que hoy es posible tomar armas contra el régimen y conservar la vida.

El miedo es una emoción normal, pero cuando nubla las decisiones humanas puede conducir a resultados nocivos. ¿Cómo puede soltarse a un tigre al que se le mantiene agarrado por la cola por casi cinco décadas?

 

 

Hugo J. Byrne, Los Angeles, septiembre 4

MIEDO: "¿Cómo puede soltarse a un tigre al que se le mantiene agarrado por la cola por casi cinco décadas?".

 

 

 

 

 

 

 

 

El 8 de de abril del 2003, tras un infructouso intento de escape de la Isla-prisión, tres cubanos acusados de secuestrar violentamente una embarcación con ese propósito y a pesar de no haber causado muerte alguna en el incidente, fueron condenados a la pena máxima por un “tribunal” castrista. En un acto reminiscente del cénit de la represión brutal en los años sesenta, los “convictos” fueron ejecutados en menos de tres días.

Aunque con alguna vacilación de movimientos y ciertos lapsus mentales provocando comentarios burlones, en esa ocasión Fifo todavía ordenaba en Cuba, indiscutido y absoluto. Lo hacía usando la mano de hierro que ha caracterizado su sangriento mandato de casi medio siglo.

Hace algo más de un año, los cortesanos de La Habana difundieron la noticia del retiro temporal del Tirano por motivos de salud.

“Un mundo ofendido hizo clara su repulsa: Desde los pasillos del Vaticano hasta los parlamentos de Europa y Sudamérica, un coro de voces se levantó contra la represión en Cuba,…” Enrique Encinosa (“Unvanquished”)