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darle forma literaria a sus impresiones del ciertamente “profundo, obscuro y traicionero” mundo de la política en la República de Florencia, donde se opuso al desmesurado poder ejercido por la familia Medici.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sin embargo, en las obras de Maquiavelo campea el firme criterio de que la república es el sistema más adecuado para alcanzar una medida tangible de estabilidad social y paz pública.

Con la reconquista del poder por los Medici en 1512, Maquiavelo fue arrestado, confinado a una mazmorra y víctima de tortura. Solamente la intervención oportuna del Papa León X lo salvó de morir en prisión.

Retirado del intrigante y furtivo mundo de la política y distanciándose de sus peligros, Maquiavelo vivió los restantes 14 años de su vida en un discreto retiro rural en las cercanías de Florencia. Durante ese tiempo escribió la obra que lo elevaría a la inmortalidad de las disciplinas sociales.

Si el amigo lector deduce que estoy defendiendo su legado, estará en lo cierto. A contrapelo de lo popularmente creído, en su obra Maquiavelo no propone subvertir la ética. Sólo enuncia que su reino es por naturaleza, diferente, separado y ajeno al reino político.

Maquiavelo reconoce que no es posible enfrentar al mal con una mentalidad ingenua. Creo firmemente que el autor florentino fue uno de los más incomprendidos pensadores en la historia.

Ahora contemplamos a un político europeo coincidentemente también llamado Nicolás, cuyo ascenso al poder está en total concordancia con los preceptos enunciados por Maquiavelo: fueron los motines en París y otras importantes ciudades en el 2005, que llevaron a Francia a un milímetro de la anarquía total, los que crearon suficiente y razonable miedo entre los votantes para renunciar a seguir colgados del ruinoso carro del paternalismo de estado, del que se habían asido desde hacía casi tres décadas.

De estos temas recibimos escasa información de la prensa norteamericana de “Main Stream”, dedicada de lleno a asuntos de “vital importancia” como los sucesivos encarcelamientos y excarcelamientos de Paris Hilton.

 

 

 

 

 

 

 

En los vaivenes de la llamada Unión Europea, el gobierno francés se ha caracterizado tradicionalmente por la neutralidad en todos aquellos problemas que no afecten directamente los intereses de Francia, tal como el gobierno en el Palacio Eliseo interprete esos intereses. Esa tradición se mantiene desde el principio de la V República.

Al presente, varios gobiernos de la Unión Europea, como la República Checa e Irlanda simpatizan en diversos grados con una política de menor tolerancia a la arrogante tiranía castrista, beneficiaria de viejos y extensos créditos que permanecen sin pagar.

La excepción es España, amiga sempiterna de Castro. Zapatero cree ridículamente que así demuestra “llevarle la contraria” a Estados Unidos, país que en el fondo algunos nunca perdonarán “el desastre” de 1898.

Lo que sabemos de Zarkozy es que pertenece a la primera generación francesa de una familia húngara que emigró a París como consecuencia de la brutal represión soviética a la rebelión anticomunista de Budapest en 1956.

Los padres de Zarkozy conocieron de la prepotencia y explotación concomitantes al totalitarismo socialista en su propia piel y es posible que su retoño, como la mayoría abrumadora de nuestros hijos, sustente similares principios éticos. Quien sabe.

Gracias a la información siempre interesante que nos brinda el lugar de la Red “El Futuro de Cuba”, del compatriota Alberto Luzárraga, podemos apreciar el contenido de uno de los últimos discursos en la campaña presidencial de Zarkozy. Sus palabras nos recuerdan el aforismo martiano: “Hay que poner de moda la virtud”. Con algunas de esas palabras finalizo este mensaje y dejo que el lector llegue a sus propias conclusiones.

 

“No tengo miedo a usar la palabra moral. Hoy, por la primera vez en decenios, la moral ha estado en el corazón de esta campaña. La izquierda le ha tomado el gusto al poder, a los privilegios. Esa izquierda que no ama a la nación, pues en realidad no quiere compartir nada. Que pretende defender los servicios públicos, pero que jamás hemos de ver usando el transporte colectivo. Que ama tanto a la escuela pública que envía a sus hijos a la escuela privada. Que proclama la defensa de los arrabales, pero que nunca ha vivido en ellos. Que le tiene lástima a los bandidos, a condición de que se queden en esos arrabales, a los que ella, la izquierda, no va jamás.

Esa izquierda que hace grandes discursos sobre el interés general, pero que se encierra en el clientelismo y el corporativismo. Que dedica su tiempo a prescribir moral para los demás, pero que no es capaz de aplicársela a sí misma”.

 

Hugo J. Byrne, Los Angeles, junio 16

DE LA MORAL Y LA POLITICA

 

 

 

 

 

 

 

 

Uno de los más grandes genios políticos de nuestros tiempos fue sin duda un obscuro intelectual de la Toscana, nacido en la segunda mitad del siglo XV llamado Nicolás Maquiavelo (en italiano Niccolò di Bernardo dei Machiavelli ).

Maquiavelo fue un autodidacta que apredió la mecánica que rige el mundo de la misma manera que un aprendiz aventajado se convierte en maestro de su oficio: trabajando diligentemente en el mismo y perfeccionándolo hasta convertirlo en arte.

El nombre de Maquiavelo se ha relacionado erróneamente con todo lo que en política se considera como “profundo, obscuro y traicionero”. Esto se debe a que el incisivo observador de la sociedad florentina fue conocido por los lectores de la lengua inglesa durante el período llamado “Elizabethan Age”. Aunque ese renacimiento literario produjera la cima de los exponentes del idioma como William Shakespeare, sufría la tendencia general al dramatismo y la exageración. En consecuencia, nos cita a Maquiavelo como la encarnación del demonio en cientos de tratados políticos y religiosos.

En realidad el florentino no inventó nada malo ni bueno. Se limitó a

Detalle de un retrato de Maquiavelo con las insignias de oficial público florentino. 1500, la pintura es obra de Santi di Tito

Esas impresiones inspiraron el tratado político más importante de todos los stiempos: “El Príncipe”. Aunque Maquiavelo escribió otros trabajos notables, como “Los discursos sobre los diez primeros libros de Tito Livio”, “El Arte de la guerra”, “La Historia de Florencia” y alguna que otra memorable poesía, “El Príncipe” fue sin duda su obra maestra. En ella describe las cualidades, que según sus experiencias, debe poseer el caudillo capaz de alcanzar y permanecer en el poder.

Cuando de ese poder fueran temporalmente eclipsados los Medici, Maquiavelo se convirtió en la figura política más importante del Renacimiento en todo el noroeste de Italia. Por más de una década fue Primer Secretario del Consejo de la República. Durante esos años estableció relaciones políticas con el hijo del Papa Alejandro VI, César Borgia [derecha]. Esa relación marcó el inicio de su interés por los asuntos militares y la unificación de la fragmentada Italia en un solo reino.

 

Aunque las izquierdas no desaparecieron totalmente del horizonte, la segunda ronda de votación del domingo 17 de junio le aseguran al partido de Nicolás Zarkozy [derecha] una mayoría parlamentaria aplastante que le permitirá implementar su programa de reducción gubernamental y control de la inmigración, por lo menos, durante los próximos cinco años. No sabemos cuál ha de ser la política internacional de Zarkozy. Muchísimo menos, cómo esa política afectará los intereses de Cuba libre.

Nicolás Sarkozy el 16 de mayo de 2007 al asumir como Presidente de Francia.