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dependencia federal relacionadas con asuntos verdaderamente graves que realmente afectan la seguridad nacional. Este es el mismo Departamento de Justicia, de la misma administración de George W. Bush, que aceptara de buen grado el increíblemente ligero castigo a un antiguo Consejero de Seguridad Nacional de la previa Administración.

Samuel (“Sandy”) Burger, mientras discurrían las sesiones de la Comisión que supuestamente investigara las “causas ocultas” del desastre del 11 de septiembre del 2001, robó documentos clasificados de los Archivos Nacionales que presuntamente estaban relacionados a su próxima comparecencia ante la mencionada Comisión durante el 2005. Por este crimen contra los intereses públicos, cuyas implicaciones nadie podrá aquilatar jamás (los documentos fueron presuntamente destruídos por Burger), el antiguo consejero recibió una multa de $50,000 (eventualmente reducida a $10,000) y la pérdida de su “security clearance”. Este ladrón de documentos clasificados, convicto por propia confesión (forzado por la evidencia material de “videotapes”), nunca cumplióun solo día en la cárcel.

Si alguien se sorprende por la actitud de simpatía que recibiera Burger de la Comisión del 9/11 durante su comparecencia, debe entender que entre la canalla de Washington todo favor se paga. Lee Hamilton, antiguo congresista Demócrata, “santón mediático” y Vicepresidente de la susodicha Comisión fue nombrado como Miembro del “Advisory Board” de una corporación llamada Stonebridge International, en el mes de abril del año pasado. A mayor abundamiento, el fundador y “Chairman” de ese consorcio que se dedica a estrategias globales de comercio, no es otro que un antiguo redactor de discursos para la fallida campaña presidencial demócrata de 1972 y consejero de la Administración de Clinton para seguridad nacional: Samuel (“Sandy”) Burger. ¡Toma y daca!

¿Puede imaginarse el amable lector cuántos realmente indeseables ilegales diariamente son mantenidos entre el público norteamericano a expensas de los perjuicios que ese público pueda sufrir a causa del abandono de la ley por parte del gobierno federal? ¿Recuerdan los lectores los desfiles grotescos de decenas de miles de inmigrantes ilegales demandando amnistía migratoria y categoría favorecida en virtud de su violación de esas leyes del país? ¿Saben de alguno que fuera entonces detenido y acusado por el Departamento de Justicia de González (o de su predecesor, el procastrista Ashcroft) por haber violado las leyes? ¿Pueden mencionar uno solo?

¿Se imaginan cuántos entre ellos, simplemente para subsistir, mintieran sobre su condición de extranjeros viviendo ilegalmente en el territorio de Estados Unidos? ¿O sobre cómo ingresaron a él? No me cuento entre quienes consideren que la falta de un hombre pueda ser explicada o justificada por otras mayores cometidas por otros. Nadie niega que Luis Posada Carriles entró ilegalmente a Estados Unidos. La razón de mi visita a una corte de Texas es de otra índole.

No conozco a Luis Posada. Nunca lo he visto en persona. Hace algún tiempo y como resultado de una carta abierta mía que circulara ampliamente por la Red dirigida al Presidente Bush y en la que mencionaba su caso, Posada me envió otra de su puño y letra expresando su agradecimiento. No voy a Texas para corresponder esa carta. Tampoco porque Posada sea un anciano sufriendo varias dolencias de gravedad, o porque hubiera sido hace pocos años la víctima de un atentado terrorista financiado por Castrolandia y ejecutado por sus matones, del que sobreviviera por puro milagro y que lo dejara con desfiguración física y dificultad para hablar.

Los físicamente dañados por el castrismo suman decenas de miles y los damnificados de otras formas por ese régimen, más de diez millones. Ni siquiera voy a Texas para solidarizarme con quien, sañudamente perseguido por los verdugos del pueblo cubano, buscara quizás un refugio a salvo de notorios e implacables asesinos.

Voy a honrar con mi humilde presencia a quien considero un símbolo de nuestra rebeldía contra tiranos que han enlutado, explotado y escarnecido nuestro suelo por casi medio siglo, a despecho de las múltiples e hipócritas protestas de solidaridad de los mismos sepulcros blanqueados que hoy desean mantenerlo en prisión: estúpidamente creen que la prisión de Posada les ayudará en sus “relaciones públicas” con enemigos irreconciliables. No se adquieren aliados ni simpatías con indecisiones o inconsistencias. No tengo la menor idea cuál ha de ser el resultado del juicio en ese día 3 de abril, o cuanta retención de fluídos se me acumule en los tobillos después de tantas horas sentado en un autobús. En estas lides no puede garantizarse nada. Quizás sabremos algo cuando este trabajo se publique.

Lo que sí sé es que Posada ha mantenido una posición vertical en lo que a la libertad de Cuba respecta. Después de la derrota de Bahía de Cochinos, mantuvo esa actitud a través de una lucha incesante por todo el mundo. La mantuvo durante los largos años de su injusto encierro en Venezuela, país por cuya libertad había también arriesgado a diario la vida. La mantuvo en la prisión de Panamá. Y al cabo de todos estos años, la mantiene hoy en Texas. Posada pertenece a la exigua legión de los que nunca serán vencidos. Eso gana mi respeto. Por eso, Dios mediante, voy a Texas mañana [hoy].

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SOLIDARIDAD CON LUIS POSADA CARRILES

Abril 2

Hugo J. Byrne, Los Angeles

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mañana [hoy] 2 de abril del 2007, Dios mediante viajaré a Texas para asistir al juicio político que el Departamento de Justicia de Estados Unidos ha forzado contra Luis Posada Carriles.

Las acusaciones de los fiscales federales contra nuestro compatriota se resumen a su entrada ilegal al territorio norteamericano y presuntamente, haber mentido a las autoridades de inmigración sobre los medios que utilizara para entrar a él.

Todos aquellos quienes estén realmente al tanto de las operaciones cotidianas del Departamento de Justicia de los Estados Unidos y sus dependencias como el “Immigration and Naturalization Service” (INS) o el recientemente creado “Homeland Security”, tienen que concluir, sin el menor titubeo, que efectivamente estamos ante un juicio netamente político.

Estas acusaciones del Departamento de Justicia norteamericano a Posada deben juzgarse a tenor de otras actividades de esa misma

"Posada pertenece a la exigua legión de los que nunca serán vencidos. Eso gana mi respeto".