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"Basta ya de alimentar las frivolidades absurdas de una imaginaria “transición pacífica”, estandarte político podrido de los tránsfugas ocultos y los ignorantes adocenados que hacen el ridículo a diario, solidarizándose con quienes nunca han sido y nunca serán aliados nuestros".

"Basta ya de alimentar las frivolidades absurdas de una imaginaria “transición pacífica”, estandarte político podrido de los tránsfugas ocultos y los ignorantes adocenados que hacen el ridículo a diario, solidarizándose con quienes nunca han sido y nunca serán aliados nuestros".

 

 

 

 

 

 

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"Basta ya de alimentar las frivolidades absurdas de una imaginaria “transición pacífica”, estandarte político podrido de los tránsfugas ocultos y los ignorantes adocenados que hacen el ridículo a diario, solidarizándose con quienes nunca han sido y nunca serán aliados nuestros".

 

La presencia de Calderón, constitucionalmente requerida en el día de hoy (diciembre 1, 2006) para prestar juramento en su investidura ante la Cámara de Diputados del vecino país, hasta unos instantes antes de que el Presidente saliente Vicente Fox le pasara la banda presidencial en el estrado de ese cuerpo legislativo, parecía como destinada a un escándalo de mayores proporciones. La entrada de su séquito por la puerta principal había sido obstruccionada con cadenas y otros obstáculos. Los diputados seguidores de su encarnizado oponente, se aprestaban a impedir su

juramento a la Presidencia por todos los medios a su alcance, sin excluir la violencia.

La presencia del Cuerpo Diplomático, de Jefes de Estado y de otras personalidades internacionales invitadas por el protocolo azteca amenazaban convertir el acto inaugural en un carnaval bochornoso. Tanto fue así, que esa presencia se vio reducida a casi la mitad, cuando individuos y delegaciones cancelaran masivamente su visita.

Durante días y hasta casi momentos antes de su anunciada presencia, los diputados del partido opositor de extrema izquierda y con fuertes conexiones con 'Fifolandia y Chavezlandia', se habían liado a empellones y puñetazos con los del partido de Calderón, afanándose sin éxito, por ocupar la tribuna en el hemiciclo de esa Cámara de Diputados.

Aparentemente en ese pugilato los seguidores de Andrés López Obrador del Partido Revolucionario Democrático (PRD) (léase “Partidas de Rojillos Demagogos”), quien es conocido entre sus partidarios nada menos que por el no muy halagador mote de “El Peje”, estuvieron en desventaja numérica.

Ahora parece que el gobernante Partido Acción Democrática (PAN) (léase “Partidas de Aprovechados de Nacimiento”) posee mayoría en el cuerpo legislativo y al menos durante un instante tuvo la cooperación de los diputados del Partido Revolucionario Institucional (PRI) (léase “Partidas de Rapaces Insaciables”).

No obstante, la irrupción sorpresiva de Calderón por una puerta lateral, apareciendo de repente en la tribuna junto al saliente Presidente Fox como por arte de magia, su rapidísimo juramento a la Presidencia y su no menos veloz mutis, tomaron menos de cinco minutos. Eso delata, en la opinión de este servidor de los amables lectores, pocos deseos de enfrenterse resueltamente contra actos abiertamente ilegales y subversivos. En suma: debilidad.

Esa evidente timidez puede anunciar desastre para esa nación vecina, de más de 100 millones de habitantes y cuya economía está íntimamente ligada a la norteamericana a través de los tratados de Libre Comercio.

Calderón, en cuya gestión gobernante se cifran hoy las legítimas esperanzas del sufrido pueblo de México, no parece en la percepción de este cronista, capaz de la hercúlea faena que se verá obligado a desempeñar. Quisiera equivocarme, pues abrigo los mejores deseos de que al final de una larga y triste cadena de decepciones políticas, los mexicanos vean al fin realizadas sus legítimas aspiraciones a una sociedad libre, estable y segura. Que vieran, por fin, los beneficios de una verdadera reforma del esclerótico sistema económico forzado desde arriba, artificial e interesadamente, que mantiene a una nación muy rica condenada a una endémica pobreza popular, con ausencia de inversión privada y pletórica de corrupción.

Habría deseado ver un nuevo Presidente de México jurar su acatamiento a las leyes y a la Constitución de ese país, en medio del silencio solemne y respetuoso que demandaba la dignidad de semejante ceremonia. En vez de ello, vi el triste espectáculo de una parte de la Asamblea Legislativa mexicana gritando insultos y obscenidades al nuevo Presidente, incluso por sobre las notas del Himno Nacional de México.

Calderón tenía amplia potestad legal de imponer respeto a quienes pretendían violar procedimientos claramente establecidos por la Constitución de su república. No lo hizo, aparentemente por temor a las consecuencias.

En lugar de esa visión que evoco, contemplé simplemente a un hombrecito nervioso y apurado, quien se vió en la necesidad de ponerse él mismo la banda presidencial. En vez del nuevo Presidente de México tomando solemne posesión de su digna investidura y acompañado por su antecesor, Calderón y Fox se me antojaron una semblanza viva de las tiras cómicas de “Benitín y Eneas”, que los más viejos entre mis lectores cubanos quizás puedan recordar.

Los diputados de PRD y su caudillo “El Peje”, han demostrado su infinito desprecio por México y por los derechos de todos aquellos quienes no concuerden con sus opiniones o con su agenda totalitaria. Ese “Peje” y su manada constituyen un peligro mortal para México y sus vecinos. No en balde recibieran asesoría y respaldo político y económico para su fracasada campaña presidencial del gorilócrata Chávez y del sangriento y moribundo dinosaurio de Birán.

Y hablando de este último, mientras escribo esta columna sus esclavos celebran su cumpleaños a posteriori, con un pomposo desfile militar. El pretexto de esta gentuza postergándolo el ridículo festejo era el estado de salud del propio Tirano y para que el evento pudiera coincidir con el 50 aniversario de su infiltración en Oriente, el 2 de diciembre de 1956. Parece que el maloliente carcamal no podrá hacer acto de presencia. Mantengamos el champaña en refrigeración.

Hugo J. Byrne, Los Angeles

CALDERON Y EL ESCANDALO EN MEXICO

Las agencias de prensa en su cobertura de los recientes eventos en Ciudad de México, han descrito con lujo de detalles el pasado laboral del recién instalado Presidente, Felipe Calderón Hinojosa. Sin embargo, ninguna de ellas lo catalogaba como mago o prestidigitador.

A pesar de esto, no cabe la menor duda que el candidato victorioso por menos del 1% en las pasadas elecciones presidenciales mexicanas, en apariencias, ha demostrado hoy ser capaz de duplicar alguna entre las más espectaculares hazañas del archifamoso Harry Houdini.

Las cámaras de televisión fotografiaron su caravana desde su residencia oficial hacia el edificio de la Cámara de Diputados. La desierta entrada principal había sido acordonada a ambos lados y en marcial posición de firmes, por los cadetes de la Academia Militar de México.