nuestra nacionalidad cubana, la misma que tanto lloramos, añoramos y ponderamos. La misma cuyas pasadas estadísticas vitales nunca nos cansamos de reproducir admirativamente y detallar para beneficio de un público norteamericano lleno de total desinterés y perfectamente aburrido del tema. Cuando se aborda la discusión de nuestro desastre en cualquier reunión de activistas cubanos, siempre se habla sobre el futuro o sobre el pasado, dejando el desagradable y larguísimo presente (un paréntesis de más de cuarenta y siete años) sin debatir. Nadie puede cambiar lo pretérito, sólo estudiarlo para que sirva de inspiración, experiencia que debe evitarse, o modelo a emular. Pero menos aún puede nadie influenciar el futuro sin actuar con seriedad y decisión en el tiempo presente. Amigos lectores; este trabajo se ha escrito para quienes tengan interés en actuar.

Lo más difícil es que no podríamos actuar con decisión y efectividad en el presente sin conocer quien es el enemigo, cuáles son sus puntos fuertes y más desarrolladas capacidades, sus debilidades que nunca hemos explotado eficientemente y el secreto a voces de su longevidad en un poder tan espúreo como total. Sólo quienes aprendan la naturaleza esencial del enemigo serán capaces de destruírlo. Porque de destruírlo se trata . El sistema totalitario impuesto en Cuba sólo desaparecerá cuando se le destruya implacablemente hasta el último vestigio. Destrucción en términos humanos entraña violencia y, por supuesto, incluye tragedia. En ese proceso no es posible tener contemplaciones o piedad hacia nostros, el enemigo, o quien quiera estorbe a la tarea. En esa lucha los más poderosos obstáculos son con frecuencia nuestros más enraizados escrúpulos . Quien tema quemarse no debe entrar a la cocina.

¿Quién es Fidel Castro? Castro es un astuto delincuente con una agenda política personal que es la única pasión verdadera en su vida. Castro ha tenido la determinación e inteligencia necesarias para lograr sus ambiciones políticas y mantener el poder así usurpado. El opresivo, corrupto e insolvente sistema que ha impuesto en Cuba (con la ayuda de muchos) siempre ha dependido de asistencia internacional, la que ha recibido contínuamente en virtud de maquinaciones con frecuencia brillantes y exitosas. Sus patrocinadores internacionales, entre los que se destacó primordialmente la desaparecida Unión Soviética (desde1960 hasta 1991) han cambiado dramáticamente con el paso del tiempo. Sin embargo, existe una tan poderosa como discreta fuente de apoyo económico-político al castrismo, que nunca se ha visto mermada o interrumpida a través de los años.

Castro y su régimen han sido los contínuos beneficiarios de una ayuda cuyo origen parecería improbable para quienes sostengan una visión simple de los intereses comerciales del gran capital. Creo que no debemos olvidar que el contrabandista que compra lo que roba un bandido, a menudo disfruta de mayor y más rápido éxito que aquel comerciante honesto quien solamente trata en mercadería legítimamente adquirida (recordemos al contrabandista-millonario Joseph P. Kennedy, desaparecido cacique del Partido Demócrata de Massachussetts, padre del difunto Presidente Kennedy y del notorio Senador Teddy).

La primera vez que la no muy evidente relación simbiótica entre ciertos intereses del capital norteamericano (con gran influencia en ambos partidos políticos de Estados Unidos) y Fidel Castro se pusieran de manifiesto, fue cuando se evidenció que la Standard Oil Company financiaba el mantenimiento del Ejército castrista en Angola durante la segunda parte de la década del setenta, hasta finales de la intervención castrista a fines de los ochenta. El régimen de Castro era generosamente compensado por defender los yacimientos, instalaciones y refinerías de la SOC en Luanda y Cabinda de las posibles depredaciones de “compañeros angolanos” que tuvieran la ingenuidad de tomar el “anticapitalismo” o el “internacionalismo proletario” de Castro en serio. El CEO de la SOC era entonces el influyente republicano y “trilateral” David Rokefeller. Sin embargo, ciertos gigantescos conglomerados norteamericanos de productos del agro son quienes se han beneficiado más durante estos últimos infernales cuarenta y siete años por la ruina de la agricultura de Cuba y el colapso de su industria azucarera. El más notable entre ellos es el que pomposamente se autotitula “Supermercado del Mundo”, Archer Daniels Midland, super consorcio del grano, cuyo CEO, el multibillonario Dwane Andreas es uno de los hombres “de negocios” de Norteamérica que con más diligencia aboga por la oficial derogación del llamado “embargo económico” contra Castro. Fue Andreas, amigo lector, quien pagó los gastos legales de la repatriación forzosa de Elián González.

Andreas ha sido bienvenido visitante a la Casa Blanca por todos los presidentes norteamericanos desde Harry Truman ( incluyendo a Reagan ) hasta Bush Sr . Entre sus pasados o presentes asociados económicos se cuantan el ex Senador y ex candidato presidencial republicano Bob Dole y el ex Senador y primer Secretario de Justicia de la presente administración , John Ashcroft. Como senador, el republicano Ashcroft defendió a capa y espada los intereses de Castro hasta su último día en ese cuerpo legislativo. La influencia de las fuerzas económicas del mercado libre en los círculos oficiales de Washington, puede o nó servir los intereses del bien común. Lo que no puede discutirse es que esas fuerzas hoy aconsejan el mantenimiento de un “status quo” que incluye la permanencia indefinida de Castro en el poder. A esos efectos, la admnistración de Bush Jr. ha garantizado (haciendo salvedad de la retórica barata) que el Tirano y su hermanito no caigan víctimas de sus más encarnizados enemigos como Luis Posada o Santiago Alvarez. ¿Podrían acaso también librarlos respectivamente de Parkinson y Cirrosis?

 

 

 

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UN RETRATO INFORTUNADAMENTE POCO FAMILIAR

“Si todo sentimiento humano está muerto en el alma de tales personajes,

o si tienen dañado el mecanismo capaz de hacerlos florecer, no pretendo

saberlo; pero de que los hechos son como los declaro, estoy seguro”.

Charles Dickens (preámbulo de “Oliver Twist”)

Por Hugo J. Byrne, Los Angeles, California

Recientemente, leyendo una anécdota muy repugnante sobre el Tirano, reflexioné sobre si el público exiliado (y el resto de la humanidad) conoce realmente al malvado ersonaje. Todos afirmamos conocer a Castro, pero tal como ocurre con frecuencia, no tenemos en realidad la más somera idea de lo que afirmamos. Y eso es imperdonable en este caso, pues se trata de quien ha destruído meticulosamente durante casi medio siglo