Aunque la verdad como un puño expresada en el párrafo anterior hiera legítimas sensibilidades, es imperioso que se afirme en los términos adecuados. Por eso insisto en indicar que se trata del gobierno de Estados Unidos y no de la administración de Kennedy, o la de Carter, o la de Clinton, o la de Johnson. En todos los aspectos prácticos, Carter alcanzó la notoriedad de ser el primer Presidente anti norteamericano en la muy noble historia de este país. ¿Quién puede realmente sorprenderse de que también fuera simpatizante de Castro? Dos terceras partes del Partido Demócrata (lo que se conoce como “rank and file” del Partido, no los votantes demócratas), no sólo simpatiza con cuanto tirano conspire contra las libertades norteamericanas (Castro incluído), sino que labora diligentemente en pro de su victoria sobre ellas.

Si algún lector duda o encuentra exageradas las afirmaciones anteriores, debe considerar ciertos ejemplos como el de ese despreciable traidor de California que responde (o respondía) por el nombre de Ron Dellums (no sabemos si vive o si Satán ya lo hierve en su caldera mayor). Como congresista demócrata por California Dellums prometió en 1980 “…desmantelar completamente todas las agencias de inteligencia de este país, pedazo a pedazo, clavo a clavo, ladrillo a ladrillo”. Trece años después, haciendo uso de su mayoría congresional, el “Democratic Caucus” premió esas promesas eligiéndolo por votación de 198 contra 10, “Chairman” del vital Comité de Servicios Armados de los Estados Unidos. Para bien del universo, al año siguiente esos señores perdieron su mayoría congresional.

A despecho de lo que tanta sabandija del “cuarto poder” proclama, los exiliados cubanos a través de sus reales voceros jamás han procurado una acción directa de las fuerzas armadas de este país contra la tiranía castrista. Lo que los emigrados cubanos siempre hemos demandado de Estados Unidos es que no interfirera en favor de Castro. Porque es precisamente eso, amables lectores, lo que Washington ha hecho substancialmente desde 1959 hasta la fecha .

Para nadie es ya un secreto que mientras el Director de la “Sección de Intereses” de Norteamérica en La Habana entretiene a los cubanos con una falsa y ridícula “guerra de carteles” de relaciones públicas con Castro, la Administración republicana de George W. Bush usa su Departamento de Justicia para mantener a raya a los cubanos libres. Un servidor tiene información fidedigna y directa de que Santiago Alvarez está siendo sometido a un régimen carcelario inhumano, negándosele frazadas en una celda fría, medicinas necesarias a su salud, la capacidad de ejercitarse brevemente y el contacto adecuado con su famila .

Situaciones de esta índole CLAMAN por la airada y universal protesta de todos aquellos que sientan todavía algo por la nacionalidad cubana y sus consubstanciales fueros. De no haber sido por los votos de quienes hoy persigue, Bush habría perdido Florida y en consecuencia las elecciones del año 2000.

Lo inaudito es que quienes se presentan en una elección tras la otra como amigos y genuínos partidarios de nuestras libertades (siempre que se afirmen al compás de sus imaginarias “transiciones pacíficas”), son los primeros que llegada la hora de demostrar prácticamente esos sentimientos, ignoran los tratados internacionales de defensa mutua (como el de Río), incluso si ello implica proteger los intereses de activos conspiradores contra la seguridad y libertad de este país. Hay dos senadores y tres congresistas de origen cubano en Washington. Sería conveniente que definieran sus sentimientos en este jueguito politiquero en el que la leyes de “neutralidad” siempre toman precedencia a los tratados de defensa mutua en las acciones de la Secretaría de Justicia de esta administración republicana , que en ese aspecto no se diferencia en un comino de la anterior. A mi buen saber y entender los cinco han brillado por su ausencia en este debate. Los cubanoamericanos que los enviaran a Washington con su voto debían exigir su participación y eventual definición en el mismo.

El derecho a la beligerancia de los cubanos libres es un millón de veces más importante que todos los debates migratorios juntos. Es el régimen de Castro quien crea el éxodo balsero, no viceversa .

Nadie en este país se ha visto perjudicado por las actividades de Posada Carriles, Alvarez o Mitant. ¿Están quizás en prisión por “necesidad de estado”? ¿De cuál Estado? ¿Por qué el Departamento de Justicia salta como propulsado por un resorte instantáneo ante la demanda arrogante del más irreconciliable e incorregible enemigo en la historia de Estados Unidos? ¿Por qué Bush persiste en el lema obtuso de “transición pacífica” a la muerte del Tirano, cuando sus propias agencias de inteligencia le informan que en las actuales circunstancias no son factibles los cambios pacíficos en Cuba ?

¿Se trata de ingenuidad política o de todo lo contrario? Este servidor de los amables lectores no tiene todas las respuestas, pero sí otras muchas preguntas inquietantes. Dios mediante, serán publicadas en breve.

 

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LOS “AMIGOS DEL EXILIO CUBANO”

Por Hugo J. Byrne, Los Angeles, California

En el 'vaudeville' clásico hay un viejo chiste en el que un individuo es amenazado y agredido por el abusador “guapo” del barrio. La víctima busca refugio tras un formidable amigo, quien promete socorrerlo: “Apuesto a que no te atreves a golpear a mi amigo en mi presencia”, desafía el supuesto protector. Como respuesta el guapo le propina al primero un gran bofetón con el que le arranca tres dientes. De nuevo el protector desafía al “oso” y la misma secuencia se repite. Finalmente, cuando el agredido a duras penas se incorpora, su presunto defensor le dice: “Oye, creo que es mejor que te pierdas, porque este tipo quiere matarte”.

Aunque ese chiste sólo intenta hacer reir al público, en realidad entraña una profunda enseñanza ética: el agredido habría protegido su persona más adecuadamente usando un dos por cuatro por sí mismo y asestándole un buen estacazo al abusador, que dependiendo de la protección del supuesto amigo. Esa broma es una alegoría perfecta a la relación absurda que ha existido por más de 45 años entre los exiliados cubanos y el gobierno de los Estados Unidos.