Desdémona y el propio ejecutor . También realmente existe un sólo autor intelectual en el homicidio: Yago.

Es inícuo que sea precisamente ese supuesto pilar del derecho de gentes que llamamos “cuarto poder” donde se atrincheren los más acérrimos e insidiosos enemigos de las libertades y las instituciones que en esta nación las garantizan. “The New York Times” es el “cheer leader” de los partidarios de tiranos totalitarios (estén conscientes de ello o nó) en el extremo norte de la costa este de Estados Unidos. Sin duda el más destacado “cheer leader” en el sur se llama “The Miami Herald”.

El amigo de esta columna y profesor de Estudios Latinos de la Universidad de Indiana en Bloomington Dr. Antonio de la Cova, me envía una copia del mensaje electrónico que dirigiera a una colaboradora del Herald, Lydia Martin, quien afirma en uno de sus útimos trabajos lo siguiente: “Un rumor común en Miami reza así; el exiliado sospechoso de atentados con explosivos contra Castro, Luis Posada Carriles, es probablemente él mismo, un encubierto agente castrista”. En su e-mail de la Cova indica correctamente que la colaboradora del Herald no menciona ninguna de sus fuentes de información al afirmar tal barbaridad .

De la Cova, quien por su militancia patriótica y contínua comunicación con Miami está familiarizado de primera mano con todos los rumores de la “Capital del Exilio”, jamás ha oído noción tan peregrina y absurda como esa (tampoco un servidor de los amables lectores).

Así se lo hizo saber a la colaboradora del Herald, Ms. Martin, autora del artículo que provocara el mensaje de nuestro amigo. En ese mensaje Tony pone de manifiesto ciertas realidades con relación al Miami Herald que por considerar de gran interés para los lectores, reproduzco aquí.

Demostrando su falta de ética periodística, el Herald jamás se ha hecho eco de acusaciones directas (no imaginarios “rumores”) de que el antiguo capitán de la Dirección de Inteligencia de Castro Jesús Pérez Méndez señalara en julio de 1983 a la profesora de la “Florida International University” (FIU) y también colaboradora editorial del Herald Marifeli Pérez-Stable, como persona bajo el control de la Dirección de Inteligencia castrista. En esa oportunidad Pérez Méndez señaló a los agentes castristas Jesús Arboleya Cervera e Isidro Gómez como los “manejadores” de Pérez-Stable, quienes la situaran a cargo del llamado Círculo de la Cultura Cubana (CCC), organismo que le acreditaba la suma de $100.00 por cada turista viajando a Castrolandia a través de sus trámites.

Cuando el Dr. de la Cova en 1993 denunciara con vigor en la prensa escrita de Miami la muy evidente infiltración subversiva castrista de FIU y su “Instituto de Investigaciones Cubanas” que dirigía el Profesor Lisandro Pérez, éste último amenazó con demandarlo por difamación. La demanda de Lisandro Pérez por supuesto, jamás se materializó (quien calla, otorga). Otro tanto puede decirse de Pérez-Stable, quien hasta la fecha nunca ha negado bajo juramento la acusación de servir a los agentes subversivos de Castro y sus perversos intereses.

Al presente uno de los miembros del notorio “Instituto de Investigaciones Cubanas”, Carlos Alvarez, se encuentra acusado de servir dentro del territorio norteamericano a los intereses criminales del régimen de Castro sin haberse registrado como “agente extranjero”. Tanto Alvarez como su esposa quizás tengan que responder acusaciones más serias en un futuro inmediato. El arresto de los Alvarez vindica al Dr. de la Cova y confirma sus acusaciones de 1993.

Cuando un órgano de la prensa escrita poderoso e influyente como el Miami Herald es capaz de dar cabida en sus páginas a deleznables infundios siniestros que todo el mundo reconoce como totalmente espúreos y ajenos a la realidad, mientras silencia acusaciones directas e infamantes a sus colaboradores y columnistas, demuestra su adopción de la insidia como modus operandi . Hace muchos años que el Herald, como tantos otros organismos de la llamada “main stream media”, desdeña a los cubanos y en especial a los que combaten a Castro.

Hace también varios años que el líder de una otrora poderosa organización cubanoamericana, infortunadamente venida a menos , convocara un boicot general del Miami Herald, abogando porque el exilio no se anunciara ni subscribiera a un periódico que por propia iniciativa había dejado de serlo, para convertirse en panfleto de propaganda anticubana. Creo que quizás está llegando la hora en que el destierro decida nuevamente combatir la insidia con nuestra dignidad colectiva. El Herald tiene derecho a erigirse en nuestro enemigo y nosotros a reconocerlo como tal .

Amable lector, por favor, no lea el Herald. No compre el Herald. No se subscriba al Herald. No se anuncie en el Herald. No patrocine un panfleto anticubano.

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INSIDIA ROJA

Por Hugo J. Byrne, Los Angeles, California

La insidia es el estímulo y origen de muchos crímenes. Los “cheer leaders” que cantan consignas políticas o religiosas en manifestaciones de turbas desenfrenadas, arma tradicional de las tiranías, transmiten a esas turbas su veneno a través de sus lemas absurdos. Lo hacen dentro de los estrechos límites que establece un mecanismo obtuso y limitado, pero que resulta de sobra suficiente para enardecer hasta el frenesí a una multitud ignorante: “¡Paredón!”, “Sig-heil”, Fi-del”, “Pe-rón”, “Fran-co”, “Du-ce”, “El pueblo unido,… etc”. Las técnicas para soliviantar multitudes son comparables al archinotorio fusil de asalto soviético Kalashnikov (AK-47), burdas y simples, pero eficientes.

Cuando el receptor de la insidia es algo más sofisticado, el mensaje, por consecuencia, tiene que ser transmitido usando un método más sutil. El inmortal Wlliam Shakespeare nos demostró como se usa ese mecanismo con uno de los tres personajes centrales en su clásica obra “Otelo”. Es Yago quien estimula con insinuaciones perversas al oído de Otelo y usando otras premeditadas falsificaciones, los celos homicidas del moro. Otelo es el ejecutor físico del homicidio, pero en él hay dos víctimas: La esposa de Otelo,