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¿PROBLEMAS DIGESTIVOS DEL EXILIO?

Por Hugo J. Byrne, Los Angeles, California

Hace algunos años escribí un trabajo titulado “La fábrica de Imbéciles” en el que analizaba las raíces demagógicas del altruísmo mesiánico que azota a los pueblos latinoamericanos. Me parece evidente que en el destierro cubano existe también una ridícula versión de la misma enfermedad social, pero esta vez con una variante digestiva. Se ha afirmado con dolor que no es posible reunir multitudinariamente a los cubanos desterrados a menos que la convocatoria incluya alimentos. Infortunadamente esa afirmación es parcialmente justa.

“Parcialmente” es la palabra clave. Nadie conoce la actividad ajena a menos que la presencie, que la oiga o que la aprenda a través de medios de comunicación. Existen ciertas actividades que por propia naturaleza requieren privacidad y discreción. Su intrínsico carácter las fuerza a ser desarrolladas por un número reducido de personas y ser conocidas de ellas solamente. Los banquetes en función de reuniones sociales constituyen un elemento importante y necesario a la vida de la comunidad desterrada . Pero nunca deben confundirse con las actividades reales de un exilio combatiente, activo y responsable. Estas mencionadas funciones tienen como único objetivo la liberación de Cuba, sola justificación del proceso de que es parte el exilio.

Si nuestras actividades como desterrados cubanos se ciñeran simplemente a la asistencia a convocatorias gastronómicas en las efemérides patrias, nuestra capacidad para combatir a la Tiranía no se incrementaría en un ápice. Sentarse a comer y beber es parte fundamental de la vida diaria. Pero aún en el caso de que la ocasión incluya una muy amena conferencia por un muy docto disertante, a menos que la mayoría de los comensales pueda absorber ideas con la misma capacidad que su sistema digestivo ingiere los alimentos (proposición altamente optimista), el único resultado evidente lo serán vientres agresivos y traseros voluminosos. Es imperioso comer menos y aprender más .

Un ejemplo típico de lo afirmado en el párrafo anterior ocurrió al finalizar la elocuente exposición del conocido escritor peruano Alvaro Vargas Llosa, durante el Almuerzo Martiano anual del Patronato José Martí de California. La ocasión tuvo lugar el pasado 29 de enero, en el restaurante “The Castaway” de la ciudad de Burbank.

La conferencia de Vargas Llosa, precedida de una excelente introducción del Dr. Aurelio de La Vega, procedió a describir con inteligentes ejemplos los motivos no tan ocultos del reciente fracaso electoral del mercado libre en Suramérica y las diversas razones por las que no debe considerarse el éxito “populista” como monolítico o definitivo. Vargas Llosa destacó correctamente la relación directa que existe entre la libertad mercantil de Chile, con sus indiscutibles éxitos comerciales y su singular prosperidad económica. A eso podría responder que la prosperidad económica puede ser sumamente fugaz cuando la voluntad absoluta del estado consiste en el poder total: La triste experiencia nuestra.

Aunque en mi opinión el conferencista omitió enfatizar el peligro potencial que presenta la posición agresiva de Chávez en el contexto de la confrontación inevitable entre los productores de petróleo y el Occidente, o la ausencia de cordura en el acto de entregar el futuro en manos de quienes hicieron del pasado un desbarajuste tiránico y sangriento, no fue realmente su exposición lo que me decepcionara. Lo realmente triste fue la singular pobreza intelectual en algunas de las preguntas que le fueran sometidas por los asistentes al evento.

Un servidor de los amables lectores, después de largo y paciente rato con el brazo en alto, quiso establecer la escasa relación entre el tema cubierto y la libertad de Cuba. El debate descrito por Vargas Llosa es uno totalmente civil, legal, urbano, mesurado y pacífico, acorde si se quiere con la profesión y personalidad del disertante: Sólo concomitante a su experiencia. Se aplica a las naciones que describió, o quizás a una Cuba post-Castro, dentro de cuarenta o cincuenta años . En el contexto de su conferencia, la Cuba de hoy fue referida ocasional y marginalmente.

En términos relativos ni siquiera el régimen de Chávez puede en la actualidad compararse aún con el férreo totalitarismo de Castro. Nada social existe en la Cuba de hoy que no deba su existencia al poder agresivo y abusivo del estado y nada indica que el “status quo” cambie pacíficamente a la muerte o incapacitación del Tirano. La nación cubana está regida por una claque violenta, cuyos mentores verdaderos no son Somoza, Perón o Trujillo; sino Hitler, Stalin, o Mao.

Al responder correcta y afirmativamente que todas las opciones, incluso las violentas deben estar disponibles a nuestra lucha contra el terror del estado castrista, Vargas Llosa infortunadamente agregó, “pero no si se dirige contra inocentes, como bombardear un avión comercial de pasajeros”. La implicación por inuendo era con el atentado terrorista de Barbados de 1976 y su presunta comisión por exiliados cubanos, haciéndose eco irresponsable e inconscientemente de la propaganda que emana de La Habana.

Al confrontarlo en persona después del acto, confirmé de primera mano que Vargas Llosa no sabía absolutamente nada sobre ese incidente . No sabía quién era el confeso autor intelectual del siniestro, el felizmente difunto Ricardo Morales Navarrete (alias “El Mono”), notorio mercenario, triple agente de la CIA, la DISIP de Venezuela y la Dirección de Inteligencia castrista, la que lo comisionara y pagara para el crimen de Barbados. No tenía la más mínima idea de las fuerzas que actuaron y continúan actuando abiertamente para desinformar y confundir al mundo y al exilio . Con toda candidez reflejó su total ignorancia sobre el tema: Simplemente habló por boca de ganso.

Pero mi frustración no es en particular con Vargas Llosa. Sería injusto demandar solamente de él un conocimiento adecuado de asuntos que realmente no competen a su persona y aún menos a su disertación de ese día. Lo que es incomprensible y degradante es que algunos de los presentes aplaudieran esa repetición de la propaganda enemiga. ¿Se trata simplemente de una imperdonable ignorancia, o los efectos deletéreos de una digestión lenta? Por supuesto que quienes eso hicieron ejercían su derecho. El mismo que tengo yo para despreciar y denunciar su acción bochornosa .