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HISTORIA DE DOS ESTADOS

Por Hugo J. Byrne, Los Angeles, California.

“…algunas de sus autoridades más ruidosas insistieron en ser apreciadas, para bien o para mal, solamente en el superlativo grado de comparación”.

Charles Dickens --“A Tale of Two Cities”.

No es necesario recordar a los amables lectores que este año Estados Unidos sufrió el embate de los elementos en la forma de dos terribles huracanes. La estela de destrucción letal causada por el ciclón “Katrina” en Louisiana y Mississippi, puede que sobrepase a todos los siniestros anteriormente sufridos por el país

Recientemente también el ciclón “Wilma” atravesó el centro de Florida, causando pérdidas humanas y económicas. Ambos huracanes fueron clasificados como de “categoría 2” en el momento de hacer su ingreso en el territorio continental norteamericano. En ambos casos la población recibió amplia advertencia del peligro a través de los medios de comunicación, por más de una semana.

En términos absolutos, la tragedia de “Wilma” no puede compararse a la de “Katrina”. Una decena de muertos en Florida y una destrucción que cuantitativamente se calcula en cientos de millones de dólares de una parte, contra más de 1,200 muertos o desaparecios, junto a decenas de miles de millones de dólares en pérdidas por la otra.

Ciertamente el hecho físico de que la ciudad de Nueva Orleans, donde se produjeran los más catastróficos acontecimientos, esté por debajo del nivel del mar y cercano al mismo, debe considerarse como básico al hacer las comparaciones pertinentes. Sin embargo, debe también tenerse en cuenta, que eso es del conocimiento de la población, así como de las autoridades estatales y locales .

También hay que considerar la pobreza. No la pobreza material de sus habitantes, sino la virtual miseria moral e intelectual de sus líderes, tanto en la Alcaldía de Nueva Orleans, como en la Gobernatura Estatal.

Un servidor de los amables lectores conoce de cerca esa miseria, pues no en balde tiene amigos y hermanos del exilio cubano que residen o residían en esa área, como Jorge Maspóns, veterano de Viet Nam e ilustre ensayista de la “Red”, o como Humberto Fontova, autor de “Hollywood's Favorite Tyrant” y otros libros de gran interés, o como Miguel Uría, Director de la revista “Guaracabuya”, quien hace algún tiempo reside en Florida y con el que recién he logrado comunicarme por la primera vez después de “Wilma”.

Aunque justificadamente ignoremos las acusaciones absurdas e irresponsables de fanáticos demagogos, como el castrista Louis Farrakan y sus no muy brillantes seguidores, debemos considerar el inmenso vacío de liderazgo que sufrían las víctimas de Nueva Orleáns. Vacío que se formara mucho antes de que las ráfagas de más de 100 millas por hora azotaran su centro cívico y de que las olas de 12 pies de altura arrasaran partes de la infeliz ciudad. No creo ser injusto o exagerado al afirmar que tanto el Alcalde Nagin como la Gobernadora Blanco, son casi tan responsables de la miseria y el luto en Nueva Orleáns como el ciclón “Katrina”.

En esta columna no aparece nada que no se pueda probar con evidencia tan objetiva como inobjetable y aquí va un ejemplo contundente. Años antes de que “Katrina” amenazara Nueva Orleáns, la pintoresca ciudad del Golfo ya sufría los embates de la delincuencia. El índice de asalto armado, robo, asesinato y violación para Nueva Orleáns en años recientes ha sido uno de los más altos entre las áreas urbanas de los Estados Unidos.

Como es de comprender, la estela de destrucción y vulnerabilidad creada por “Katrina” representaba una oportunidad sin precedentes para los elementos criminales. Bandas armadas campearon por las desiertas calles de la ciudad en contínua busca de botín y sexo forzado. Los infelices vecinos con puertas y ventanas abiertas para defenderse de la sofocación, automáticamente se convirtieron en víctimas dobles. Mientras esto ocurría el alcalde y la gobernadora en declaraciones públicas culpaban a “FEMA” por demorarse en ayudar y justificaban el saqueo como necesario a la supervivencia . La televisión mostraba el espectáculo grotesco de oficiales de policía, de completo uniforme , robando artículos que no eran de consumo .

No todos los residentes se resignaron a ser víctimas dos veces. Algunos decidieron protegerse usando el derecho que les otorga la Segunda Enmienda de la Constitución. Donde quiera que había armas de fuego legalmente poseídas y la determinación de usarlas para defender vida, integridad personal y propiedad, los delincuentes no tuvieron éxito en sus malvados propósitos. El espectáculo de la ciudadanía defendiéndose a sí misma encolerizó a los corruptos politicastros que desgobiernan Nueva Orleáns y Louisiana.

Once días después del ciclón, el Segundo Jefe de la Policía de Nueva Orleáns ( un esbirro arrogante llamado Warren Riley), actuando por órdenes del Alcalde “Ray” Naguin, declaró a la Prensa Asociada: “…vamos a confiscar todas las armas”/ Amigo lector, la amenaza no era vacía: Las cámaras de Fox News tomaron cómo la anciana Patricia Konie era empujada sin miramientos contra la pared de su cocina para ser despojada violentamente de un pequeño revólver adquirido para defenderse y el que ni siquiera blandía ofensivamente . El arma fue confiscada y la anciana arrastrada fuera de su casa en escena reminiscente del holocausto judío, o del “raid” para devolver a Elián González a la ilimitada potestad de un tirano. Hasta donde he podido averiguar y a pesar de los esfuerzos legales del “National Rifle Association”, la confiscación arbitraria de armas legalmente poseídas en New Orleáns, permanece impune.

Comparemos esa impúdica escena con la manera civilizada, responsable y serena con que la ciudadanía floridana y sus autoridades encararon los embates de “Wilma”. En Florida, los habitantes obedientes de la ley están autorizados por la misma a portar armas en ejercicio de su derecho constitucional y a usarlas en cuanto su integridad física sea obviamente amenazada . Gracias a eso Florida no sufrió un sólo incidente de saqueo, asalto o violación a expensas del huracán “Wilma”.

He aquí la triste historia de dos comunidades devastadas por el mismo desastre natural, pero con epílogos bien distintos. Dos cercanos Estados de la Unión, cuya dramática vida reciente a un mismo tiempo los diferencia y los hermana.