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LA “CUBANOLOGIA”

Por Hugo J. Byrne, Los Angeles, California

A mi compatriota y amigo Tito Rodríguez Oltsman, greduado de un curso intensivo en La Cabaña, gracias a una “beca” otorgada por Ramiro Valdés y experto en “cubanólogos”.

Esta ciencia no es nueva, pues sus raíces están firmes en los orígenes de nuestra historia, pero no hay duda que recientemente se ha puesto muy de moda en el exilio cubano. Puede definirse como la ciencia que reduce el estudio sociológico de nuestra nacionalidad al nivel de trivia. La “Cubanología” es por naturaleza una “ciencia oculta”. Es una “caja de Pandora” política. Destaparla le debe producir vergüenza (espero) al más impúdico y gran malestar, por su fetidez, a todo aquel que se encuentre en las cercanías. Todos los “cubanólogos” son individuos en apariencias sumamente capaces, prácticos y concienzudos. Todos “se las saben todas de memoria”. Todos o casi todos se sienten lo suficientemente ilustrados como para reflejar con precisión el estado de ánimo, la opinión, aspiraciones y “el sentir” de sus compatriotas. Tanto de los que habitan Cuba, como los desterrados. Tienen una “bola de cristal” que refleja con precisión su futuro y el ajeno, opinando de lo humano y lo divino sin tener jamás que perder un segundo de su precioso tiempo en informarse .

Juro solemnemente que nunca he sido, soy o seré cubanólogo. ¡Qué bueno es poder expresar solamente la opinión propia en la primera persona del singular! ¡Qué alivio no tener que representar a nadie más! Imagino la abrumadora responsabilidad de aquéllos que afirman reflejar en sus palabras, documentos o escritos, “la opinión mayoritaria de Cuba o del exilio”. Soy extraordinariamente feliz por mi humilde condición de ignorante del futuro y de ser vocero de la única y sola afirmación de mi criterio , sin necesidad de atribuírselo a nadie más. Por supuesto que de esto excluyo la apreciación de la realidad que reflejan mis sentidos, pues ella no está relacionada en lo absoluto con criterios u opiniones de nadie y los sentidos son la única forma de percibir la realidad.

Los “cubanólogos” por el contrario, tienen una respuesta para toda pregunta. Incluso responden aún en el caso que nadie pregunte. Recientemente uno de los numerosos “cubanólogos” de la Red, en un artículo de vastas proporciones (es evidente que pocos de ellos han escrito para la letra impresa) describía en precisos detalles el futuro de la transición de Cuba “a la democracia”. Esa excursión por el mágico reino de lo improbable y especulativo incluía como protagonistas a los pretorianos de Castro, quienes a través de esa

inconmensurable alquimia esencial en la “cubanología”, dejarían automáticamente de ser sangrientos y fascinerosos criminales, para avanzar la archinotoria “transición cubana a la democracia”.

El acontecimiento histórico extraordinario que ha de provocar semejante cambio de acuerdo al ensayo que describo es, por supuesto, la esperada muerte del inverecundo “Fifo”. ¡Ah, La bendita “solución biológica”!. El autor pronostica que ese régimen de la transición no sería ya totalitario , aunque sí autoritario y trataría de evitar una masacre al estilo de la ocurrida en “Tianamen Square” de Beijing, aunque “no tendría escrúpulos en aplicar semejante represión si fuera necesaria” . El autor del ensayo no establece la muy dramática diferencia entre un régimen totalitario y otro solamente autoritario y, en caso que la conozca (lo que es improbable), tampoco explica cómo un totalitarismo de más de cuarenta años de duración puede convertirse en simple dictadura (incluso la califica de probable “dictablanda” ) sólo por la muerte del “manda más” .

En un reciente simposio sobre el futuro de Cuba en La Universidad del Sur de California al que asistieron delegaciones de varias organizaciones del exilio cubano representadas en esa parte del mundo, una de las personalidades asistentes me preguntó cuán cerca estaba en mi criterio el final de la tiranía castrista. Mi inmediata respuesta fue cien por ciento exacta: Le contesté que no lo sabía . No lo sabía entonces y tampoco lo sé hoy . Agregué que sí sabía que mi obligación como cubano libre es laborar por hacer posible y cercana esa fecha. El individuo que formuló la pregunta, persona inteligente y razonable, pareció complacido con mi respuesta. Lo ULTIMO que trataría de establecer un cubano exiliado “con dos dedos de frente” es una fecha, exacta o aproximada, para que salga de nuevo el sol de nuestros ideales.

Pronosticar las acciones que puedan promover resultados positivos para la libertad y dignidad de Cuba, es una proposición con un poquito más de posibilidades prácticas. Todo parece indicar que la llamada “disidencia”, por ejemplo, no es un método remotamente adecuado para alcanzar ese objetivo.

Otro pasatiempo favorito de la cubanología es el de hacer pomposas declaraciones de carácter “políticamente correcto”, lo que dadas las evidentes y considerables limitaciones intelectuales de los cubanólogos, es una tarea que realizan con mayor facilidad. A estos efectos lo único necesario es leer y copiar editoriales y comentarios anticubanos de la prensa “liberal” norteamericana.

Para los cubanólogos que unen limitaciones en el idioma inglés a sus evidentes y considerables vacíos de la calota craneana, si viven en el área del sur de California les queda siempre el recurso de leer y copiar la página de comentarios del Periódico “La Opinión”. Allí siempre van a encontrar ecos del “Granma”, periódico de Castro que acusara de terrorista entre otros muchos a Luis Posada Carriles …y a un servidor de Vds.