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Por Eniel Bosch, Misceláneas de Cuba, noviembre 18

Gracia y sorpresa fue mi mezclada reacción ante el encontronazo entre el Rey de España, Juan Carlos de Borbón y el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez. El episodio ocurrió en la clausura de la XVII Cumbre Iberoamericana, realizada en Santiago de Chile, frente a la mayoría de los mandatarios latinoamericanos y como algo poco usual, delante de las cámaras de la prensa mundial. Que mandatarios mundialmente conocidos den un show, nos acerca más a la parte humana de ellos. Cualquiera mete la pata.

Me dió gracia porque una vez más el mundo ve como el mandatario venezolano no tiene reparos en hacer uso de su estilo poco diplomático para relacionarse en el ambito internacional.

La rebambaramba comenzó cuando José Luis Rodriguez Zapatero, el presidente español

pedía respeto a Chávez para con José María Aznar, el ex presidente de España, a quien Chávez había acusado de fascista en su intervención anterior. Y es que una cosa fue hacer ofensas de una manera privada como, en palabras de Chávez, había sucedido en el almuerzo del día anterior, donde no fue reprendido por Zapatero, y otra es ofender en público como lo hizo en la Clausura.

Mientras Zapatero hacía uso de una elegancia en el manejo de la situación, eligiendo las palabras y ante la insistencia de Chávez de no dejarse ganar el dime que te diré, el Rey que estaba sentado al lado de Zapatero, perdió los estribos y de una manera fuerte y prepotente le disparó a Chávez un “por que no te callas”. Sin dudas fue una gran sorpresa ver al monarca español perder el control de tal manera. Pero aquí me surge una pregunta: ¿Con qué derecho el Rey manda a callar a Chávez? Chávez no me gusta como político y veo exagerada su manera carismática, lo que muchos caracterizan de bufónica. Independientemente de la necesidad de cambios estructurales y de justicia social, estos no deben llegar con la radicalización de un conflicto. La Revolución Francesa, uno de los acontecimientos, sin dudas más importantes de la humanidad, comenzó por cuenta del hambre, porque el pueblo francés no tenía pan y la monarquía vivía en el lujo excesivo, la opulencia y terminó con la guillotina cortando cabezas tanto de un bando como del otro y muchas más las de personas inocentes, buscando provocar el terror con el cual imponer el nuevo orden revolucionario.

Y Venezuela va camino a una polarización y una radicalización del proceso chavista que pudiera tener consecuencias desastrosas. Por eso no me agrada su política. Pero, el Rey, para ser justos, no tenía ningún derecho a mandar a callar a Chávez, cual monarca que le ordena a su bufón que deje de hacer una voltereta. ¿No estaba acaso para eso la Michele Bachelet como anfitriona del evento?

Chávez actuará muchas veces como un payaso, boconeando, amenazando y diciendo lo que son mil verdades y también mil tonterías, pero, no estamos en la Edad Media y una cosa es válida; él ha sido elegido por una mayoría en elecciones democráticas, reconocidas internacionalmente. El Rey es un anacronismo que no debiera ser figura política de ninguna importancia pues no ha sido elegido democráticamente y no debiera como tal participar en las Cumbres a no ser que se le invite como observador.

El mal gusto que nos provoque un golpista devenido presidente no debiera ser un cheque en blanco para que un Rey que le ha sido impuesto a la sociedad democrática española, pueda creerse que pueda faltarle el respeto a alguien. Para mí está más que claro; ni bufones, ni reyes.

 

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¡NI BUFONES NI REYES!