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una eternidad, los enemigos de este país violaron todas las reglas de convivencia civilizada sin que Washington les pusiera freno. Los amigos, por otra parte, se sintieron abandonados a su suerte y se replegaron dentro de los confines de sus territorios. Era una situación alucinante donde predominaba la conducta de 'sálvese el que pueda". El mundo se convirtió en un manicomio donde mandaban los locos más agresivos sin temor a represalia alguna por parte de los Estados Unidos.

El mimado de la izquierda apaciguadora inauguró su política derrotista con un discurso en la Universidad de El Cairo donde pidió perdón por la "arrogancia y el poderío militar" de los Estados Unidos. Acto seguido mostró una cobarde pasividad ante el clamor de solidaridad de los estudiantes iraníes de la Revolución Verde enfrentados a los fanáticos clérigos musulmanes. Los enemigos de este país le tomaron la medida de su cobardía al antiguo "organizados comunitario" y se dieron a la tarea de erosionar la influencia y el poderío de los Estados Unidos.

Pasemos a una muestra limitada por el espacio de un artículo de este tipo. Putin se tragó a la península de Crimea, Pekín incrementó su influencia en el Pacífico construyendo islas artificiales en el Mar del Sur de la China, Corea del Norte aceleró su programa de misiles intercontinentales con capacidad para alcanzar las costas norteamericanas, Irán recibió 150,000 millones de dólares a cambio de la falsa promesa de que suspendería temporalmente su programa de armas nucleares, Siria desató una guerra de exterminio con armas químicas contra hombres, mujeres y niños, ISIS creó un califato en territorios conquistados para la libertad con sangre de soldados norteamericanos y los terroristas islámicos fueron descritos como una minoría de jóvenes desorientados que no constituían un peligro claro y presente a la seguridad de los Estados Unidos.

El descontento con el manicomio se manifestó con claridad con la elección de Donald Trump el 8 de noviembre del 2016. La maquinaria demócrata y su prensa incondicional calificaron al magnate devenido en político como un hombre con temperamento volátil y carácter agresivo a quién no se le podía poner a cargo del "gatillo nuclear".

Trump, por su parte, no dio muestras durante la campaña de que sería un activista en cuestiones de política internacional. Llegó decir que no aspiraba a ser presidente del mundo sino de los Estados Unidos de América. De ahí la sorpresa cuando el Presidente decidió aplicar con la acción la raya roja retórica que había trazado e incumplido Barack Obama. Con ello demostró que si tiene temperamento y más aún que tiene los "bemoles" que le faltan a Obama.

En la noche del jueves 6 de abril Donald Trump cambió en forma radical la forma en que los Estados Unidos son percibidos por el resto del mundo. Se soltó el "loco" y se acabó el manicomio. No más pastillitas ni sicoterapia para apaciguar locos empeñados en apoderarse del mundo. El nuevo jefe del manicomio aplicó el tratamiento de un electroshock en la forma de 59,000 libras de explosivos transportados por 59 misiles Tomahawk.

Los misiles hicieron impacto en la base aérea siria de Shayrat, desde donde habían despegado los aviones que habían asesinado con armas químicas a docenas de civiles inocentes, entre ellos mujeres y niños.

Ahora bien, aunque el ataque militar fue desatado contra el asesino de Bashar al-Assad, el mensaje estuvo dirigido a otros forajidos que violan las reglas de la convivencia civilizada. Se me antoja que no fue por casualidad que Trump ordenara el ataque contra Siria mientras cenaba con el presidente chino Xi Jinpin en su complejo residencial de Mar O Lago. Quisiera ser una mosca en la pared cuando Xi le diga a su protegido, el endemoniado Kim Jong-un, que Corea del Norte tiene que suspender sus pruebas de misiles intercontinentales.

Para China Comunista la opción debe de ser clara: seguir molestando a los Estados Unidos protegiendo al gordito enajenado de Pionyang o preservar el acceso al gigantesco y próspero mercado norteamericano sin el cual la economía China sufriría un profundo descalabro.

Otro enemigo jurado de los Estados Unidos confronta una opción aún más ominosa. Las 59,000 libras de explosivos contenidas en los misiles que disparó Donald Trump contra Siria tienen que haber convencido al sicario de Vladimir Putin de que tiene que optar entre proteger a Assad y enfrentarse a Trump. Una píldora muy amarga para Putin y su sueño de resucitar el difunto imperio soviético. Ahora bien, si tomamos en cuenta la superioridad militar norteamericana, Putin no tendrá otra alternativa que aceptar las reglas impuestas por el nuevo jefe del manicomio.

Sin embargo, eso no impedirá que Putin adopte, al menos por el momento, una posición de beligerancia, aunque sea para mantener su imagen de "guapo de barrio".

El viernes después del ataque, los rusos condenaron la acción norteamericana, negaron que al Assad hubiera utilizado armas químicas y enviaron una fragata de su armada a visitar la base naval siria de Tartus, en el Mar Mediterráneo. Una cortina de humo para esconder su impotencia y su rabia ante la enérgica acción unilateral ordenada por Donald Trump.

En tal sentido, el Secretario Rex Tillerson anunció con antelación a su homólogo soviético que el ataque se llevaría a cabo pero Donald Trump ni le habló ni le pidió permiso a su supuesto "amigo" Vladimir Putin.

Para poner las cosas en su sitio, Tillerson visitará Moscú en las próximas semanas y tendrá a su disposición el arma de la acción militar contra Siria. Porque es una verdad incontrovertible que la diplomacia más eficaz es la que cuenta con el respaldo y el uso del poderío militar como elemento de disuasión del adversario.

Otro elemento de esta saga digno de tener en cuenta es el silencio ensordecedor de Teherán. Por aquello de que "cuando veas las barbas del vecino arder pon las tuyas en remojo", los usualmente vociferantes clérigos iraníes no han dicho ni esta boca es mía. Todo indica que los chiitas iraníes podrían estar contemplando la posibilidad de una estrecha cooperación militar entre los Estados Unidos y sus enemigos sunitas de Arabia Saudita y otras naciones del Medio Oriente como Jordania y Egipto.

Las manifestaciones vociferantes de Teherán contra el "gran Satán" norteamericano no serían suficientes para enfrentar con éxito una alianza militar de los países del Golfo y los Estados Unidos.

Por otra parte, la resurrección de la preeminencia norteamericana por Donald Trump tiene que haber sido vista con preocupación en otras latitudes que han sobrevivido o se han beneficiado con la política de "liderar desde la retaguardia" de Barack Obama. No tengo dudas de que los déspotas de Caracas y de La Habana están muy preocupados por estos días. Aunque no temen ser objeto de ataques con misiles Tomahawk, se saben expuestos al daño a su supervivencia que serían medidas restrictivas del comercio, de las comunicaciones y de las remesas en moneda dura. Sus regímenes están tan carcomidos por la ineficiencia que pueden ser derrumbados por un simple soplo de viento.

En contraste con el temor de sus enemigos, los amigos de este país tienen que haber experimentado un renacimiento de la confianza en Estados Unidos como líder del asediado mundo libre, entre ellos los países de la OTAN y los ya mencionados del Medio Oriente. Las recientes reuniones del Presidente Trump con el Presidente de Egipto, Abdel Fattah el-Sisi, el Rey de Jordania, Abdullah II y el Príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, fueron pasos exitosos hacia un estrecho nivel de cooperación que estuvo ausente durante los ocho años de Obama.

En un gesto de franqueza poco característico en los jefes de estado, el-Sisi le dijo al periodista Bret Baier que los ocho años de Obama habían sido negativos para su región.

En fuentes dignas de crédito se ha dicho que estos aliados se han mostrado dispuestos a tomar la iniciativa militar con un despliegue de soldados en el campo de operaciones. El aporte de los Estados Unidos estaría entonces concentrado en los campos de bombardeo aéreo, inteligencia militar, provisión de armamentos, asesores militares y tecnología de las comunicaciones. El tipo de operaciones que mantendrían al mínimo las bajas y evitarían la oposición interna al conflicto que ha caracterizado a otras guerras norteamericanas.

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SE SOLTÓ EL "LOCO" Y SE ACABÓ EL MANICOMIO

CEPERO
Miami, abril 16

Se soltó el "loco" y se acabó el manicomio. No más pastillitas ni sicoterapia para apaciguar locos empeñados en apoderarse del mundo. El nuevo jefe del manicomio aplicó el tratamiento de un electroshock en la forma de 59,000 libras de explosivos transportados por 59 misiles Tomahawk.

Durante los ocho años de apaciguamiento de Barack Obama, que a muchos nos parecieron