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Por Alberto Méndez Castelló, Cubanet.org, Noviembre 21, 2021

LAS TUNAS, Cuba.- Un día en Miami Humberto Castelló me dijo que a él y a su esposa Oneida les parecía extraordinario que a mi mujer y a mí se nos fueran las horas hablando de política. En realidad, nada tiene de raro que marido y mujer hablen de políticas públicas cuando precisamente, desde las cocinas de las casas, es desde donde mejor se ve la economía política en Cuba.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Extraordinario sí resulta que de forma masoquista unos aplauden y apoyan a quienes los acogotan encasquetándoles sus calderos vacíos, cuales cascos de soldados, mientras otros dicen, “yo no me meto en política”, cuando por conveniencias del régimen la importación de alimentos y la economía toda se transformó en monopolio de Estado, dificultando poner comida en la olla y haciendo que sean nuestros seres queridos quienes a través de la neblina del exilio nos den qué comer. Es una verdad de perogrullo, ¿no? Pero alguien ha dicho en Madrid: “Haré que el mundo entienda lo que está pasando en Cuba”.

¡Que qué está pasando en Cuba…! Bueno, la historia es vieja: los cubanos fuimos los últimos en liberarnos del colonialismo español y, para eso, con ayuda de los Estados Unidos; los cubanos llevábamos 30 años peleando no sólo contra los españoles, sino entre nosotros mismos al punto que, por nuestras rencillas, Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, murió emboscado en San Lorenzo en la más deprimente soledad. Comportándose Céspedes como lo que fue, un hombre honesto, disciplinado esperó por la anuencia que nunca obtuvo de la “República en Armas” para ir al exilio; adhesión que ahora, para irse de Cuba, Yunior García Aguilera ni se molestó en consultar al grupo Archipiélago, justo, cuando luego de haber convocado al 15N junto a Archipiélago, habían propinado al castrocomunismo una derrota política contundente: obligar al régimen a movilizar militar, paramilitar, policial y jurídicamente a todos los efectivos del estado, en todo el territorio nacional…, contra ciudadanos pacíficos.

Lástima que, careciendo de capacidad de dirección táctica y estratégica, en suma, de talento y astucia para ejercer el liderazgo —aunque no para la ideación y planificación de la deserción dolosa— Yunior García Aguilera no se percató de la victoria. Si antes de producirse la derrota que diezma, un buen perdedor sabe retirarse, el verdadero líder olfatea la victoria antes de producirse y, en ese venteo, toma las decisiones imprescindibles para garantizar el éxito por una razón moral: no hay derrota más dolorosa que perder lo ganado.

Así y todo, no podemos criticar a Yunior por su falta de previsión. Él no es un líder. Faltándole cumplir con un aforismo imprescindible al ser humano que dice “conócete a ti mismo”, creyó que él mismo y sus conciudadanos podían comportarse y dirigirse como en una obra de teatro. Extraña dualidad esta porque casi todos los grandes líderes políticos de forma natural han estado dotados con un gran talento histriónico, no para engañar, sino para seducir.

Pero Yunior García comenzó engañándose a sí mismo y terminó defraudando a todos los cubanos que confiaron en él. Es su ingenuidad dolosa —entiéndase fraudulenta— dañina, porque lesionó la buena fe, un principio ético y jurídico universal. Así y todo, ya que va a recuperar sus obras de teatro en España, ojalá Yunior termine literariamente como Jacinto Benavente, con el Premio Nobel; pero no políticamente como don Jacinto, que admiró al fascismo, al socialismo soviético y terminó alternando con la dictadura de Franco, por lo que Juan Chabás en Literatura española contemporánea dijo: “Benavente es quizás un gran artista, pero víctima de su clase; de un poeta dramático, esta hizo un comediógrafo. Piénsese en Bernard Shaw, quien en algunas cualidades se parece a Benavente, pero no se dejó destruir ni rebajar.”  Yunior dice que es de “izquierda”. Manu Pineda Marín, secretario de relaciones internaciones del Partido Comunista de España es de izquierda, y este jueves estaba reunido en Cuba con el general Raúl Castro.

Si Václav Havel fue un dramaturgo talentoso y un líder político valiente, al haber García Aguilera abandonado a su equipo y por extensión a todos los que el 15N vestimos una camisa o una camiseta blanca en la vorágine de una tormenta política de consecuencias impredecibles para según él convertirse en relator cuasi mesiánico con esa baladronada de… “Haré que el mundo entienda lo que está pasando en Cuba”, es una tara que acompañará a Yunior por el resto de sus días.

Los verdaderos líderes no son de mármol ni de bronce, como Yunior García no consiguió ser en La Habana según se lamentó en Madrid. Un líder es de carne y hueso, y mientras mayor es su liderazgo menos palabrerías emplea y más afinidad tiene con sus semejantes. Ni la oratoria ni la actuación histriónica son sinónimos de liderazgo. Pero sucede que hoy tenemos demasiados “líderes” virtuales, en YouTube. En supino disparate, uno de ellos recientemente dijo que Cuba tiene grandes líderes, pero que no pueden hacer el trabajo solos. ¡Claro que no! ¿Un líder solo de quién es líder…? ¿De él mismo…?

Una de las cualidades que debe tener un líder natural —no un simple jefe o administrador— es saber trabajar bajo presión. Un líder es una persona que mientras otros dividen, él puede unir gente en torno a objetivos concretos. Unir es la clave; ahí es donde en cualquier proceso de dirección un líder marca la diferencia con el mero ejecutor. Un líder es alguien que construye un equipo ideal, se plantea cuestiones adecuadas, o dicho de otro modo realizables, fundamentales, estratégicas. Y, perseverante él, y cultivando la perseverancia en equipo, sin dar oportunidad al desaliento va hacia delante. Habrá retrocesos, claro está, pero un líder con un equipo repara el descarrilamiento y otra vez echan a andar.

Pero Yunior García Aguilera, que construyó a Archipiélago, un equipo ideal donde se plantearon una magnifica tarea estratégica, la Marcha Cívica por el Cambio el 15N como lógica continuidad del 11J, y que como era de esperar recibirían idéntica represión a la del comandante Huber Matos cuando ya en 1959 por escribir una carta de renuncia pública fue condenado por “sedición” a 20 años de cárcel —los que sin doblegarse cumplió hasta el último día— ahora dijo que lo quebraron emocionalmente. Según los interrogadores y oficiales operativos cuando destruyen psicológicamente a alguien lo “partieron”; y así, olvidando su “liderazgo” y su responsabilidad ante los convocados, el dramaturgo, según ya antes hicieron otros, la lió como dice Joan Manuel Serrat en Pueblo blanco, “no esperes mañana lo que no te dio ayer… toma tu mula, tu hembra y tu arreo”, y se fue a Madrid.

Yunior García, la dolosa ingenuidad