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Por Orlando Freire Santana,Enero 9, 2022

LAS TUNAS, Cuba. ─ Hoy es Día de Reyes, una de esas fechas celebrada por muchas naciones que en Cuba pasó a ser otro día olvidado. Llamados Santos Reyes, Magos de Oriente, Sabios de Oriente o simplemente Reyes Magos, la festividad religiosa que trasciende credos llegó a ser en la Isla

 

 

 

una verdadera fiesta para los niños, aun para los más desposeídos, que aguardaban con la esperanza de recibir un regalo..

En Cuba este 6 de enero será un día como cualquier otro, sin juguetes, sí, pero más que todo, sin alegría ni esperanzas en el porvenir.

Aunque los nombres de Melchor, Gaspar y Baltazar por los que conocemos a los tres reyes no aparecen en los escritos bíblicos y sólo el Evangelio de Mateo se refiere a “magos”, sin mencionar nombres ni atributos sino que ellos tres vinieron a conocer al niño (Jesús) que se encontraba con su madre (María) y postrándose lo adoraron y le ofrecieron regalos, “oro, incienso y mirra”, basta con ese escueto relato para comprender que el amor existe, porque la concepción en los seres humanos, a diferencia de los irracionales, es fruto de un acto de amor.

Luego… ¿Cómo fue posible que el castrocomunismo destruyera valores folclóricos, humanos, religiosos, éticos, establecidos en Cuba y en los cubanos por más de siglo y medio?

Fue en España, en la ciudad de Alcoy, provincia de Alicante (ahora se cumplen 156 años) cuando en 1866, dos años antes de comenzar la Guerra de los Diez años en Cuba, inició la tradición de comenzar la Epifanía con una fiesta infantil con regalos para los niños, como ya se hacía en otros países el día de Navidad, festividades que luego se extenderían por otros países de cultura hispana.

En Cuba, hasta que los comercios fueron expropiados y pasaron a manos del Estado, existía la costumbre de que la noche del 5 de enero las tiendas permanecieran abiertas horas extras para que así padres, abuelos, tíos o cualquier persona, pudieran adquirir juguetes para los niños de la casa, de los amigos o para donaciones a familias pobres o a instituciones de beneficencia, mientras los pequeños dormían, luego de haber escrito cartas con peticiones para los reyes y de haber situado bajo las camas hierba y agua para los camellos en los que se transportaban Melchor, Gaspar y Baltazar.

Era aquella tradición, como decía mi padre, “una mentira piadosa de un día para que la alegría nos durara muchos días”. Y, ciertamente, aquellas alegrías de los días 5 y 6 de enero a muchos nos ayudarían a comprender la catástrofe que a los cubanos estaba por llegarnos: la calamidad del descreimiento nacional; la desconfianza que corroe nuestra identidad cultural, la religiosidad, la familia, los amigos y la patria toda; el escepticismo que nos lacera a nosotros mismo, que es la mayor herejía que un ser humano puede cometer: la de desconfiar en su propia capacidad de obrar en el medio en que, por azar o por necesidad debe existir; dicho de otro modo: la herejía de hacer al ser humano un ser abúlico. Y eso es Cuba hoy: el país de la abulia.

Si a finales de los años sesenta, en los setenta y hasta el derrumbe de la URSS los cubanos todavía tuvieron la posibilidad de comprar con sus salarios o pensiones y a través de la cartilla de racionamiento tres juguetes para sus hijos, entre los que se encontraba el llamado “juguete básico”, ya entrado el siglo XXI esa posibilidad fue reducida sólo a quienes podían adquirir mercancías en las llamadas TRD (Tiendas Recaudadoras de Divisas). Pero esa línea divisoria entre quienes poseen divisas y quienes sólo poseen pesos cubanos devaluados hoy es imperceptible porque el desabastecimiento crónico afecta por igual a quienes poseen dinero y a quienes carecen de él.

La Navidad que comenzó el 24 de diciembre de 2021 con una Nochebuena sin la tradicional cena cubana, con los comercios desabastecidos y la economía familiar y nacional hundida en una espiral inflacionaria de consecuencias impredecibles, concluye este 6 de enero con el Día de Reyes en un inicio de 2022 sin juguetes para los niños y sin esperanzas para sus padres. Pobre país sin juguetes y sin futuro.

 

Día de Reyes en Cuba: sin juguetes y sin esperanza